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Las escuelas cubanas en tiempos de covid son unas sobrevivientes, batalla sin cuartel para llevar adelante el proceso docente en un curso escolar que ha obligado a reinventarse una y otra vez para ajustar los planes de estudio ante las medidas tomadas, sobre todo cuando el aislamiento señorea por los pasillo.

Triste palabra esta, aislamiento. Viene de soledad. Pero su significado también nos remite ahora al cuidado, a la protección de todos. Cuando llega el aislamiento, a un aula, un grado, una escuela, el maestro tiene ante sí el reto de vencer la lógica inquietud y seguir dando clases, ya no de manera presencial, sino buscando alternativas.

Así sucedió en el seminternado José Tey, uno de los más grandes del municipio, al ser su matrícula aislada en su totalidad, además de tres de sus profesores, pues una de sus alumnas, una pequeña del tercer grado, fue diagnosticada con el Sars-Cov-2. El recuerdo de esos momentos es bien difícil de olvidar.
“Fue todo tan rápido que no nos dio tiempo a pensar,” explica Nancy Ochoa, psicopedagóga de la institución educativa. “La orientación nos llegó por parte de la Dirección Municipal de Salud, pues son ellos los que definen las medidas a tomar, y rápidamente se le comunicó al claustro y a las familias. Se desinfectó la escuela a conciencia, se organizó su protección. Ya en casa fue que pudimos pensar bien, y comenzar a preocuparnos. Y si, hubo temor, pero se cumplió con todo lo orientado”.

En aquellas aciagas jornadas, un silencio desacostrumbrado reinó en la escuela, habituada al bullicio mañanero de sus más de 600 alumnos y sus familias, sus maestros y el personal de apoyo a la docencia. “Un avispero”, dirían muchos. En las casas de los estudiantes, en los barrios, también primó a la preocupación. No fue fácil ver a los chicos puerta adentro, y algunos de ellos, en centros de aislamiento. Una experiencia dura. Sin embargo, no se detuvieron las clases. “Se le orientó a la familia la visualización de las teleclases, y se organizó la atención a los estudiantes por parte de los maestros. Ellos aplicaron iniciativas, entregaron hojas de trabajo, realizaron consultas telefónicas, y además utilizaron las redes sociales para que garantizar la continuidad del proceso.”

“El retorno ha traído desafíos, sobre todo desde el punto de vista psicopedagógico. Hemos tenido niños con miedo, con algunas manifestaciones de ansiedad. También familias muy preocupadas, inquietas, inseguras. Y combatimos estas realidades con mucha comunicación, preparamos a los maestros para orientar a los padres, le brindamos atención a los alumnos, transmitiendoles seguridad y la importancia de cumplir con todas las medidas indicadas.”

“La pequeña que padeció el coronavirus lleva un seguimiento especial por parte de la escuela y también por especialistas de salud. Aun no se conocen con efectividad las secuelas, sobre todo con relación a las edades pediátricas, por lo tanto debemos observarla con mucho cuidado. Pero hasta el momento no ha tenido ninguna dificultad, ni de aprendizaje, ni de salud, ni en ningún otro aspecto de su desarrollo,” puntualiza la psicopedagoga.

La vida sigue su curso en el seminternado José Tey. Cada mañana regresa el bullicio, la algarabía, el funcionamiento estricto del filtro sanitario, el inicio de una jornada que es sagrada para el país. Que ha debido adecuarse a los tiempos que corren, pero a la que nunca se renunciará.

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