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Fotos: Karen Rodríguez Castellanos.

Hoy es la humanidad más necesaria que nunca, y parece que, a veces, se nos esconde.

Es duro este tiempo entre aislamiento, niños en casa con ganas de salir, trabajo complejo y el peligro ahí, al acecho, tras cualquier esquina, en cualquier pared, en cualquier vaso, mochila o beso. Y los enfermos que saltan de una casa a otra, y los muertos son gente que uno quiso y abrazó, y que de la nada ya no están. Ya no están. Y uno se siente como en “Casa Tomada”, y se quisiera esconder en un caracol del patio, después de haber escondido en ese mismo caracol (qué ilusión) a los hijos, la madre, la abuela, los sobrinos, el esposo, los hermanos, los tíos, los amigos.

Es difícil. Y cansa. El agotamiento mental de estos días es peor aún que el físico, y amenaza con hacernos perder la fe. Lo único que no se puede perder. Y de ahí, quizás, de ese cansancio que nos torna las condiciones normales en hechos extraordinarios, y viceversa, salen esas actitudes que nos apartan de la humanidad.

Y se suceden entonces las historias macabras de frases desafortunadas dichas a personas en un estado total de indefensión, de temor. De vehículos a toda velocidad que se bambolean sin piedad, olvidando la carga preciosa que le ha tocado: personas enfermas de covid en busca del tratamiento médico en un centro de aislamiento. De insensibilidades, o peor aún, de indiferencias.

Y tanto héroe camina hoy por las calles, tanto médico ha llorado con desconsuelo la muerte de un paciente que quizás no conocía, tanta página de amor se ha escrito en este archipiélago en estos dos años, que es imperdonable que el cansancio, en el mejor de los casos, o la frialdad en el corazón, empañen la obra bella. ¿No son los más? No. Por suerte. Pero no debiera existir ni uno de esos casos.

No debemos olvidar que cada corazón cubano que sufre es el de un hermano, o una hermana, y que, desgraciadamente, mañana pudieras ser tú… o yo. Que a nadie le gusta que en medio del miedo y la lógica escasez, se le responda con indolencia, o que no se le escuche. Y cuando eso sucede, la humanidad se aleja, y nos deja solo como cuerpos inertes, a merced de todo lo malo de la vida.

Cuba siempre ha amado a sus hijos. Y hoy los quiere más que nunca. Por respeto a esa madre, nos debemos el amor y la empatía, los unos a los otros.

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