Read Time:5 Minute, 1 Second

La ceiba, un árbol de infinita cubanía. Foto tomada de Internet.

Iroko refresca con su sombra al caminante. No importa donde se alce, si en el mismo centro de cuatro caminos, si semiescondida entre las casas, si joven y esbelta, con mucho aún que contar, en plena finca o si niña caprichosa en el jardín de la madrina. Ella está ahí, majestuosa, simbolizando la mezcla en la que ya no lo es tanto, pero se adivina en algo nuevo. Es el misterio de África reencarnado en la mayor isla del Caribe.

Decía Lidia Cabrera, en El Monte: “La ceiba, como la palma real, es el árbol más característico de la Isla y el árbol sagrado por excelencia, al extremo que cabría preguntarse si es objeto de un culto independiente – culto a la ceiba, en el que comulgan por igual, con fervor idéntico, negros y blancos- si no supiésemos ya que todos los muertos, los antepasados, los santos africanos de todas las naciones, traídos a Cuba, y los santos católicos, van a ella y la habitan permanentemente.”

“Algunos viejos coinciden en explicarme”, continúa Lidia, “que en Cuba no había Iroko, que es una especie de caoba africana. Sin embargo, la ceiba les recordó a Iroko y la denominaron y 《consagraron》con el nombre que en África se daba a un árbol inmenso, muy semejante, e igualmente venerado en toda la costa de Guinea”.

Árbol de iroko. Foto tomada de Internet.

Así la ceiba se volvió sagrada, y rencarnó en ella el espíritu de África, volviéndose símbolo de mestizaje cultural. “¡La ceiba es santa!”, cuentan los testimoniantes en El Monte. “Prueba de ello es que los elementos desencadenados la respetan: no la abate ni la desgaja el huracán más fiero: no la fulmina el rayo”, parece que asintintiera la que se levanta en la calle Mulas, del reparto Nicaragua, testigo firme de los vendavales que han arrasado estas tierras antes sus ojos reposados.

Camino de África, cuentan algunas leyendas que es la Niña Linda de los mayomberos.  Así también lo reseña El Monte: María Kinga era hija de un jefe brujo, un nfumo, y se crió jugando con las iniokas (culebras). La robaron los traficantes. Vino a Cuba y la vendieron a un ingenio. El mayoral de enamoró de ella, pero ella no lo quiso. Huyó del castigo con los rancheadores y los perros detrás. Fue a dar al pie de una ceiba enorme, y subió a lo más alto.

“Empezaron a derribar el árbol. De repente, una tromba en forma de águila se abatió sobre la ceiba, y María Kinga desapareció con ella, y volando se fue a su tierra”. El camino mágico a las raíces, las raíces de todos, las más nuestras.

Elemento de la santería, uno de los legados africanos a nuestra cultura e indiosincrasia. Foto tomada de Internet.

Y decir así, que África está en todos, traería sentimientos encontrados a algunos que presumen de blancura en la piel. Si así no fuera, quizás, solo quizás, la labor de la Comisión José Antonio Aponte de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) no fuera tan necesaria, o se concretaría en divulgar el quehacer del negro en todos los ámbitos, y no en su reivindicación.  Quienes reniegan de África, se equivocan. Esos hombres y mujeres vinieron en barcos, humillados, golpeados, supuestamente vencidos, y hoy son la base de la identidad cultural de muchos países de la América Continental y el Caribe: Venezuela, Brasil, Colombia y Cuba.

África es de Cuba más que una madre. Se fundió aquí y convirtió en suyas estas rocas, estos ríos, estos palmares. En Iroko encaramó sus mfumbes y sus orishas, y descubrió en ella la fuerza milagrosa de allende los mares. Es tan profunda la simbiosis que ya no sabe dónde empieza una y termina la otra, no se puede pensar en las sabanas enormes, en animales salvajes, los colores abigarrados de la ropa y el paisaje, en Madiba, y en las “muchas  vacas y muchos elefantes” de cuando eran “príncipes y reyes”, como contaba José Martí en su cuento Bebé y el Señor Don Pomposo, sin que vengan a la mente imágenes miles de nuestra propia identidad: Rita Montaner, Bola de Nieve, Nicolás Guillén, Fernando Ortiz, Lidia Cabrera, Natalia Bolívar, Ernesto Lecuona. La Operación Carlota. Los miles de estudiantes africanos graduados en Cuba. Los médicos cubanos que han salvado y hoy salvan vidas en África. Los ingenieros, constructores, maestros cubanos que han hecho su vida en la cuna de la humanidad. En aquellos miles de mulatos y negros, congos, carabalíes, lucumíes y sus descendientes, que pelearon como gigantes por la libertad cubana.

Con el tiempo, la presencia africana y su impronta dejó de ser apreciada y asumida solo por la raza negra, y si no lo cree, busque más datos sobre Andrés Petit y su papel en la venta del secreto de las potencias abakuás.

Ceiba de Banes. Foto de la autora.

África está en nuestra comida, nuestra ropa, en nuestras supersticiones y creencias, en la religiosidad popular. También aquí en Banes está su latir. Cómo olvidar a los cultores del folclor, con aquellos grupos de nombres sonoros: Okú Omodé Otán, Capullo Okú, La Culebra, Aché Alafi. Ellos marcaron un camino al que también han aportado los practicantes de las religiones afrocubanas en el territorio, agrupados muchos de ellos en la Asociación Cultural Yoruba de Cuba en Banes, liderada por José Alexander Magdaleno Mejías, (Papín). Imposible no nombrar la Sociedad Religiosa Cabildo Afrocubano Kenecún, presidida por Julio César Quintana Laguna, que desde hace varios años promueve la herencia cultural africana dentro y fuera de las reglas, con el lema “La religión hermana a los hombres”. Cómo no pensar en todos los ilé osha y los munansos que no dejan morir una herencia de hombres y mujeres de luz y fuerza, que no dejaron que nadie les quitara la voz.

Iroko refresca aún hoy el paso del caminante, recibe saludos y esparce bendiciones. Es la presencia africana en medio del Caribe.

[ABTM id=2415]

Happy
Happy
0 %
Sad
Sad
0 %
Excited
Excited
0 %
Sleepy
Sleepy
0 %
Angry
Angry
0 %
Surprise
Surprise
0 %

Average Rating

5 Star
0%
4 Star
0%
3 Star
0%
2 Star
0%
1 Star
0%

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

dos × 1 =