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Ella es una maestra corriente. O quizás no. Tiene la piel morena y esos ojos oscuros que delatan sangre ancestral. Sonríe mientras recorre el aula, y se inclina entre uno y otro asiento. Los niños siguen cada uno de sus movimientos, pareciera que es una danza bien ensayada.

Hasta María Elena Borruel Torres llegamos, persiguiendo el rastro de las cosas bien hechas. Allí, en el aula de Tercero A del seminternado banense «Héroes de Girón», su quehacer supera las Matemáticas y la Lengua Española. Su proyecto de grupo, elemento característico del Tercer Perfeccionamiento del Sistemas Nacional de Educación que se aplica en las instituciones educativas del territorio, se basa en respirar la historia y hacerla latir.

Los niños invaden la cafetería. El dependiente los mira con incredulidad mientras lee en voz alta la oferta. “Casabe”, leen, y se miran con complicidad. El gastronómico espera las quejas por la ausencia del pan y se prepara para responder: que si la escasez, que si la creatividad, que si “muchachos malcriados”. Sin embargo, ellos le ripostan «¿Usted sabía que el casabe lo inventaron los indios?».

“Nuestro proyecto de grupo está vinculado al Museo Indocubano Baní de nuestro territorio y pensamos mantenerlo hasta que los niños estén en el sexto grado. Es muy amplio, hay muchas aristas que podemos tratar. Hemos recibido el apoyo de las trabajadoras de la institución, y logramos que no se detuviera el proyecto en sólo conocer detalles de la vida en la comunidad primitiva en nuestra localidad, sino que conocieran el Museo, su funcionamiento, su importancia. De esta forma logramos que los niños pudieran guiar un recorrido por las distintas salas de la institución, que profundizaran en los conocimientos e incluso montamos una danza del areíto, característica de los primeros pobladores de nuestro país. Los niños han aprendido sobre cada pieza del Museo y su valor, saben darles mantenimiento, limpiarlas, manipularlas”.

Termina el maquillaje. Angélica se mira en el espejo, vestida con materiales rústicos, con el rostro decorado como los aborígenes. Abraza la lámina que representa la vida antes de Colón. El pelo suelto, el collar de conchas. «Ya estoy lista», dice en voz baja.

“El apoyo de los padres ha sido determinante, no sólo desde el punto de vista material, en cuanto a vestuario, maquillaje, accesorios, la confección de láminas, el acompañamiento a las diferentes actividades en las que hemos participado; sino que además se involucran en el aprendizaje de los contenidos. Así ya en las mismas casas y en los barrios, gracias a los niños, muchos banenses van aprendiendo también sobre el Museo y sobre nuestro pasado histórico. Para ellos es muy importante, no solamente porque conocen más o porque han tenido la oportunidad de participar en eventos en distintos niveles, o en excursiones a cuevas, a playas, en fin, sino porque a muchos de ellos se les ha despertado la vocación hacia las ciencias históricas”.

«Marianita es una señora mayor, pero sabe de teatro. Hay que seguir lo que dice y aprender bien los gestos. Vamos a jugar a ser indios. Aunque no se dice así, sino aborígenes. Yo voy a ser uno de los niños que viajará en el tiempo en la obra de teatro. Va a quedar preciosa».

“Ahora estamos realizando una obra de teatro, donde queremos representar la historia de Hatuey y Guarina, su historia de cuando él debe marcharse a pelear. Es algo muy bonito porque los niños lo viven, de esta forma se demuestra que la historia no es aburrida ni monótona. Es una nueva manera de aprender, viviendo eso que les decimos en el aula.

Estas acciones que promueve el Tercer Perfeccionamiento no son nuevas, sólo que ahora se están potenciando con mayor seriedad, y no sólo con el Museo, sino con todas las instituciones y entidades que rodean la escuela. De esa manera las clases son más emotivas y los niños tienen la oportunidad de interactuar con personas que les cuentan sobre su trabajo. Los alumnos aprenden mejor porque lo que se conoce y a la vez se siente, se queda en la memoria con mayor facilidad, pero además eso es un estímulo al trabajador al que visitamos o que invitamos a la escuela. Incluso ellos se apoyan en los proyectos de grupo de la escuela para realizar sus actividades”.

María Elena Borruel Torres. Foto tomada de su perfil en Facebook.

«Abuelo, en aquella época había más fresco, no como ahora, porque había más árboles. Los niños corrían y se subían en las matas, y comían frutas, y ayudaban a su mamá a recoger caracoles. Y jugaban en los ríos y se tiraban de las piedras como yo en el Chorrerón. ¡Y el agua estaba fría! ¿Que cómo yo lo sé si yo no lo viví? Eso no importa. Yo sé que fue así».

“La historia necesita otra mirada desde quienes la impartimos como asignatura. No es sólo para recordarla, sino para vivirla. Y hay disímiles maneras de lograr eso. Los niños no deben verla como una asignatura aburrida, sino como un espacio divertido, donde se puedan reconocer”.

El proyecto de grupo de María Elena ha representado a la escuela y al Museo Indocubano Baní en diferentes eventos. Muchos de sus niños, cuando se les pregunta qué serán cuando sean grandes, responden “historiador” o “museóloga”. Es una maestra común y corriente. O quizás no.

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