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Concierto del grupo Moncada en el parque Martí de Banes. Fotos de la autora

Que el concierto del grupo Moncada en Banes iba a ser un suceso cultural, se sabía. Se conocía de antemano o al menos se adivinaban cuáles iban a ser los temas seleccionados y se esperaba ver ciertas caras típicas en estos tiempos en que solo parece regir el reguetón. Todos estabamos seguros de que este cuatro de abril sería inolvidable, por lo menos para todos los que amamos la música cubana, y especialmente, para los que, como yo, escuchamos desde la cuna los temas antológicos de esta agrupación entonados por nuestros padres.

Pero lo que no se sabía es que iba a explotar la Plaza Martí de tantas personas. Nunca supuse que banenses de todas las edades llegarían hasta allí y corearían canciones que el mismo Jorge Gómez pensaba que solo los “mayores de 40” recordarían. Nadie jamás pensó que los gritos, los saltos y las palmas no entenderían de tacones, ni de canas o de pinchos y tatuajes, ni de cuerpos “pasaditos de peso”.

Jorge Gómez, director del Moncada

De seguro nadie pensó que Banes corearía a voz en cuello “Mi historia crecerá”. Ni que recibiría una ovación enorme las opiniones de Jorge sobre el amor de siempre y de cómo el reguetón mata la sensibilidad que aún nos queda.  Ni que los niños mirarían absortos a Duany, casi boquiabiertos, muchos de ellos parvulitos de mi barrio, de casas donde lo que se escucha es el “Taqui taqui”, cuando menos. Nadie estaba listo para que la belicosa “Gallo de pelea” nos transportara hasta la misma escalinata universitaria, con saltos y gritos incluidos.

Tras la banda, estaba una enorme bandera de la UJC. A su lado ondeaba, sonriente, la enseña nacional.

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