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En un “riquimbili”, especie de transporte salido del ingenio y la creatividad del cubano, llegó Idalis Quintana Bauta a la policlínica “César Fornet Frutos” de la ciudad de Banes. Ella, delegada de la circunscripción 92, custodiaba una preciada carga: la donación que los vecinos de Jagüeyes e Hindaya realizaban al centro asistencial, devenido hospital de alto riesgo para positivos a la covid 19 en el municipio.

Cargada con viandas, leche de vaca, carne de ovejo, frijoles, colorante… todo lo que encontraron, arribó a la cocina de la instalación de la salud llevando, además, todos los buenos deseos de los donantes.

“Ida y Elsa, dos vecinas, fueron las de la idea. Ya habíamos donado productos de aseo, y ellas fueron movilizando a la gente para acopiar los productos que tuviéramos. Mucha gente aportó, Ida y Alexander dieron los ovejos, Elsa, Tavito, Pilila, Yunier y mucho a más dieron la leche, Norys entregó el frijol… la lista es larguísima. En la cooperativa de Jagüeyes lo mismo, cada cual dio lo que pudo y acopiamos además frijol, calabaza, plátano burro, plátano vianda. Es nuestra manera de aportar a la lucha contra la covid”.

Vestido de blanco, como corresponde a un buen cocinero, y flanqueado por sus fieles ayudantes, la recibió Enrique Piñero Rosas, brillantes los ojos sobresaliendo tras el nasobuco. “Tenemos 35 personas hospitalizadas, y les damos desayuno, merienda, almuerzo, merienda, comida y merienda. Esta donación es muy importante, nos ayuda a garantizarles el alimento, que es vital, porque tenemos pacientes muy graves, otros un poco mejor, pero necesitan alimentarse. Y ese es nuestro trabajo. Le agradecemos infinitamente este gesto, que nos facilita el poder atenderlos mejor”.

La labor de Enrique es directo en la cocina, como la de Eduviges Consuegra, auxiliar general de limpieza, encargada de poner a brillar el área de elaboración de los alimentos. Muchos años delatan sus cabellos blancos y una timidez que revela su sonrisa. “Claro que da un poco de miedo, pero tengo que estar donde me manden. En mi casa me piden que me cuide, mi hija me insiste, cuídate mucho. Y yo me cuido, pero estoy donde me manden. Mientras me dejen trabajar, aquí estaré”.

Parte de las donaciones realizadas por banenses a centros asisyenciales del municipio que enfrentan a la covid-19. Fotos de la autora.

De verde por completo está Beatriz Toro, ayudante de cocina, que además llega hasta la Zona Roja como pantrista. Lleva el alimento hasta los enfermos de covid, y también un poco de su alegría. “Se siente un poquito de miedo, pero hay que tirar para alante, no nos podemos acobardar porque si nos acobardamos es más malo. Hay que darles vida a esos enfermos que están ahí, y ayudarlos. Yo tengo a mis padres que son ancianos, pero me protejo mucho, llego a casa, me baño, y luego es que voy a verlos. Aquí siempre andamos con toda la protección, así que cumplimos con lo que sea necesario”.

Una vivencia semejante tiene Yanisleydis Córdoba Desdín, una fisioterapeuta que la vida convirtió en laborista en Zona Roja. Un cambio radical. “Tengo una niña pequeña, así que la preocupación por enfermar siempre está presente. Entrar a la Zona Roja impresiona, pero tomo todas las medidas: botas, guantes, careta, todo lo necesario. Y cuando llego hasta ellos, los pacientes, trato de atenderlos lo mejor posible, le damos lo que podemos, los ayudamos en lo que podemos.”

“Hemos visto personas muy delicadas en su salud, que se acercan a nosotros, y lo que hacemos es motivarlos, alegrarlos un poco, darles esperanza, pedirles que se tomen la merienda, las comidas. Con el aliento de uno, ellos se motivan un poquito”.

Arranca el riquimbili conducido por Yordanis, y allá se va  Idalis, de vuelta a Jagüeyes y a Hindaya, a llevar de regreso el agradecimiento infinito de quienes luchan día y noche por la salud. Enrique, Eduviges, Beatriz y Yanisleydis vuelven al trabajo, al combate bien escondido entre esos muros, allí donde cada respiración es una victoria. Y el alma se marcha más llena de luz, más llena de amor, más llena de verde, como los gorros y mascarillas de la zona roja: más llena de esperanza.

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