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La reanudación del curso escolar fue todo un reto para la pedagogía cubana. Fotos: Carlos Manuel Rojas Véliz.

La escuelita de la Calle Mulas en Banes es pequeña, de esas que le brotan a Cuba en cualquiera de sus barrios.

Estrechamente unida a la comunidad en la que funciona, los vecinos fueron alumnos, y hoy, son padres y abuelos de los pequeños que la llenan de bullicio. Se llama José Maceo, y tiene entre sus tesoros a un colectivo unido que se apretó, como la plata martiana, para concluir un curso escolar marcado por la Covid-19. Allí trabaja desde hace mucho Beatriz Almaguer Morales, maestra que asume el 4to grado, con muchos años de experiencia y un amor por sus niños y su profesión, que se le derrama por los ojos.

Las mañanas de este curso atípico la encontraron, envase de agua clorada en mano, a la entrada de la escuela, desinfectando manitas, tranquilizando padres, recorriendo la escuela con esa agilidad de las maestras de siempre, que lo llenan todo de energía. El coronavirus se une a una larga lista de momentos importantes en la vida de esta pedagoga, asumidos todos con pasión.

“Al reincorporarnos, lo primero que hicimos fue comprobar como vino cada estudiante, si siguió las clases televisivas, hasta qué punto lograron apropiarse de esos conocimientos, y en base a eso dirigimos en las consolidaciones a los objetivos que más dificultades tenían los niños, para lograr estabilizar en ellos el contenido que les faltaba por apropiarse para terminar exitosamente esta etapa del curso”, cuenta Beatriz.

“Todos mis alumnos recibieron las teleclases, durante esa etapa me mantuve al tanto de esto, visitando los estudiantes, comprobando si estaban visualizándolas, si entendían el contenido, si tenían alguna duda, pasándoles hojas de trabajo para que ellos se prepararan. Tengo un alumno que no cuenta con televisión en su casa, y yo le copiaba las teleclases y se las hacía llegar para que él las tuviera también. Con el apoyo de la familia los niños lograron incorporar todo el contenido.”

“La sistematización de lo aprendido fue un proceso que estuvo acompañado por la familia. Los niños entraron con muchos deseos de concluir con buenas notas, concentrados. Solo trabajábamos una sesión, pues esta es una escuela externa, y se dividieron los grados para evitar el hacinamiento, así que en casa continuó la preparación, y los resultados fueron muy alentadores. Mis muchachos terminaron con muy buenas notas”, dice y sonríe.

La Patria en un álbum

El apoyo de la familia ha sido fundamental en el buen desarrollo de esta etapa.

“El álbum de la Patria es la evaluación final de la asignatura El Mundo en que Vivimos. Está delimitado por secciones, se comienza con los símbolos de la Patria, luego los atributos, las bellezas naturales de nuestro país, animales y plantas. Luego pasamos a las etapas de la historia: aborígenes, la Colonia, las Guerras de Independencia, la Neocolonia, las luchas en la Sierra Maestra hasta el triunfo, y a partir de ahí los logros alcanzados por la Revolución.”

Los dedos de la maestra, al explicar, recorren las páginas elaboradas por sus pequeños, con la ayuda de sus padres. Casi acarician la palma, el escudo, el rostro de Martí y de Maceo. Cada álbum cuenta más que la historia de un país y su cultura, refleja el interés de familias entera en pos de sus muchachos, unos con la tijera, otros buscando hojas y pegamento hasta debajo de la tierra, la abuela que revisa y pone los detalles ornamentales. Cada álbum guarda a Cuba vista a través de los ojos de sus niños.

“Ellos abarcaron todo el contenido de la asignatura, profundizaron, se vincularon con lecturas correspondientes a esos temas, ellos mismos elaboraron actividades donde demostraron lo que saben. Además, tuvieron que exponer una de las secciones, seleccionada por ellos mismos, y ahí explicaron qué hicieron, qué aprendieron. Es una evaluación abarcadora, y fue para todos una experiencia maravillosa.”

Maestra en tiempo de Covid-19

“Ha sido una etapa difícil, pues hemos tenido que alertar a la familia. Yo por ejemplo, cuando estábamos en transmisión, llegaba a la tienda y veía a algún muchacho por allí, rápidamente lo enviaba a su casa, y así fui trabajando con todas las familias”, explica Beatriz, y mira como al descuido la escuela, tan diferente a otros cursos. Reflexiona un poco, y vuelve a sonreír: “Ha sido difícil, pero bueno, muchas cosas difíciles hemos vivido los cubanos, y nos hemos sobrepuesto a ellas. Esto no nos va a amedrentar”.

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