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Aulas silenciosas, patios de juegos vacíos, ambiente desolado, roto solamente por la protección de uno o dos maestros que velaban por la seguridad de su mundo.  Eso eran las escuelas banenses en plena etapa pandémica. Pero hoy, las cosas han cambiado. Una vorágine se desata en cada rincón donde esté un educador. La tarea es dura y difícil. Y ya están impacientes por comenzarla.

DEJAR TODO LISTO PARA SEPTIEMBRE

Al seminternado “José Tey” llegamos tras el murmullo de escuela repleta que tanto se extrañaba. Junto a la entrada, el agua, el jabón, el cloro, la exigencia del nasobuco. Adentro la vida bulle, maestras, maestros, asistentes educativas, personal de apoyo, todos parecen tener mucho quehacer.

“Tenemos que dejarlo todo listo antes de salir de vacaciones,” nos explica Alejandro Concepción, director de la institución educativa. “Ese es el llamado y vamos a cumplirlo. En la escuela hay mucho que organizar. Tenemos más de 600 estudiantes, y aulas que están bastante hacinadas, por lo que estamos acondicionando otros locales para que sirvan para la docencia. Además, los maestros están preparando las clases de esas primeras semanas, que serán de sistematización de contenidos con vistas a los exámenes. Tenemos previstas todas las medidas higiénicas, la organización escolar en función de proteger a los niños, que es la prioridad.”

“Los padres de preocupan mucho, vienen, preguntan. Tratamos de darles confianza. Hemos vivido momentos muy difíciles y la familia lo ha sufrido, pero la escuela será un bálsamo para olvidar esos momentos.  Los orientamos, y les pedimos el apoyo en el estudio de los niños y en el cumplimiento de las decisiones de la escuela cuando llegue septiembre.”

“LOS EXTRAÑAMOS MUCHO”

Con semejante movilidad recibe las jornadas la escuela especial “Héctor Güidis Norat”. A nuestra llegada se desarrollaban preparaciones metodológicas, se organizaban las aulas, se ultimaban detalles en el comedor. Los ojos brillan de entusiasmo. Este es un colectivo que ama profundamente lo que hace. Estar lejos de los niños ha sido difícil, y mantener su atención, un reto fuerte que la escuela asumió con valentía.

“En realidad no hubo teleclases diferentes para la enseñanza especial, nosotros asumimos la preparación de los niños a través de sistemas de ejercicios que les hicimos llegar a sus viviendas. Nos mantuvimos visitándolos, orientando a la familia. Sabemos que la influencia de la escuela en estos casos es fundamental y tratamos de que no se desvirtuaran demasiado del proceso.” Así nos cuenta Katia Martínez Amieiro, directora del centro.

“En la escuela solo tenemos dos aulas demasiado pequeñas, pero ya decidimos utilizar otros locales, disponibles para dividir los grupos. A finales de agostos nos reuniremos con los padres para explicarles cómo se realizarán los procesos, y pedirles el apoyo que siempre nos dan.”

 “La verdad es que extrañamos mucho a los niños. La escuela está vacía sin ellos. Tenemos muchos deseos de que empiece septiembre”.

VACACIONES Y ALGO MÁS…

Subir por la escalinata del seminternado “Héroes de Girón” es imposible ahora. El acceso es por las escaleras más modestas que llevan directamente a la dirección del centro. Cuando llegue septiembre, los grados se dividirán en ambas entradas, para disminuir el contacto entre los niños. La escuela es la menos vacía de todas, pues desde el primero de julio está llena de niños.

“La ministra de Educación pidió la colaboración de centros en todo el país para cuidar a los niños de madres trabajadoras que se incorporaron a sus labores en la fase 1 de la recuperación. Nosotros fuimos los elegidos aquí en Banes,” explica Manuel Riverón Ricardo, quien se desempeña como director de la escuela. “Tuvo mucha aceptación, todos los días teníamos más de 30 niños de todos los seminternados. Luego el día 13 iniciamos con el plan vacacional, una experiencia del año anterior que las familias agradecen, y los niños también. Aquí están bien cuidados, les tenemos muchas actividades, tienen la alimentación garantizada. Están dando recorridos por sitios recreativos e históricos de la ciudad, tienen viajes a las playas y otros lugares, con todas las medidas de protección, por supuesto. Tenemos directamente en esa tarea a docentes, asistentes educativas, profesores de educación física, instructores de arte. Hasta a la psicopedagoga, porque estos tiempos han sido duros. Si algún niño o familia necesitara atención, aquí estamos.”

“Esto se ha llevado de la mano con la organización del reinicio del curso y la preparación del próximo, que iniciará en noviembre. Tenemos ya organizados todos los procesos, las aulas conformadas, hemos garantizado un filtro sanitario en las dos entradas y uno en cada aula con un responsable de colaborar con el lavado de las manos y el cambio de las mascarillas. Las clases de la primera etapa están preparadas y los maestros avanzan con las de los primeros meses de curso, a partir de ajustes realizados por el Ministerio a los planes de estudio. Nos hemos reunido con todos los padres por grado, explicando, dando toda la información. Las cosas no van a ser iguales, ellos no podrán entrar a la escuela, los niños tendrán el receso escalonado, también la merienda y el almuerzo. Habrá cambios, pero todo es para protegerlos a ellos y al proceso docente”.

Luego de tiempos complejos, Cuba despierta a la vida. La escuela es la verdadera “normalidad” para millones de familias en el país. El retorno a las aulas traerá el reencuentro con mucho de lo que nos ha faltado, y ayudará no solo a cerrar un ciclo académico y empezar otro, sino además a sanar. La escuela, como universo en pequeño, irradia, desde ya, oleadas de esperanza.

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