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“Hay que ahorrar”, me dijo mi hijo apagando la luz del baño, y salió corriendo tras los juguetes. Me quedé mirándolo, atónita, con la vergüenza de ser descubierta en una falta por una “conciencia energética andante” de tan solo cuatro años. “¿De dónde saca eso?”, me pregunté, y me respondí al instante que los mensajes televisivos y los debates familiares habían hecho diana en el niño. La sorpresa vendría después, cuando la maestra nos habló de racionalidad en el aula de preescolar. El ahorro se había vestido de blanco y rojo, y hasta se puso pañoleta.

La educación en Banes tiene en estos días otra premisa sobre la cual trabajar con los maestros y el personal de apoyo, los alumnos y la comunidad. La contingencia energética ha despertado iniciativas en los centros de todas las enseñanzas, basadas en las potencialidades de cada caso, sin afectar el proceso docente educativo.

“La educación preescolar no escapa a la realidad del país”, explica María Ross, jefa de la enseñanza Primera Infancia. En Banes funcionan tres círculos infantiles que benefician a madres trabajadoras, atendiendo a niños y niñas de cero a seis años. “Las alternativas incluyen la sustitución de los combustibles para la cocción de los alimentos, el apagado de las instituciones en horarios determinados y la utilización racional de los equipos y las luminarias. Hemos incluido entre los temas a tratar con los pequeños la necesidad de apagar las luces innecesarias y los equipos que no se estén usando. Ellos son los encargados de llevar hasta los hogares estas acciones”.

NO CERRAREMOS NI UNA SOLA ESCUELA

La cruzada energética llega también a las escuelas primarias. Banes posee seminternados y escuelas externas diseminadas por toda la geografía, algunas hasta en los más recónditos rincones, con un sólo maestro y tres o cuatro estudiantes. La premisa es que en todas partes se puede ahorrar. Un esfuerzo pequeño se une a otros miles en busca del bien común. Marta Marrero Zayas es metodóloga de la enseñanza en la Dirección Municipal de Educación, estructura desde donde emanó la estrategia para el uso racional de recursos, pero sabe que cada escuela le ha dado su toque particular. “Para los seminternados, lo principal fue garantizar el combustible alternativo para la elaboración de los alimentos en caso de que faltara el gas, y en todos los centros se han debido flexibilizar los horarios para aquellos alumnos o trabajadores que deban trasladarse a grandes distancias, pues a todos nos afecta la situación del transporte. Cada medida ha sido informada a los colectivos laborales y también a los padres, para que estén a tono con las transformaciones que asume la escuela. Pero para los niños lo más relevante ha sido el resurgir de las Patrullas Clic, apoyado por la Organización de Pioneros José Martí”.

Melanie tiene 10 años y estudia en el cuarto grado. Su mirada vigilante detecta cualquier equipo encendido sin razón, o cualquier lucecita que pueda ser apagada. “Mi mamá dice que a veces exagero, que quiero dejar la casa oscura. No es eso, es que todos debemos ahorrar, ayudarnos entre todos para que no se afecten más personas. En la patrulla de mi aula aprendemos por qué hay que ahorrar y cómo hacerlo, y revisamos los locales de la escuela y las casas que quedan cerca. Incluso en nuestros barrios, con los vecinos, tocamos las puertas. Es una tarea de todos.”

“Lo principal es que no vamos a cerrar ni una sola escuela, ni a renunciar a la doble sesión, sino que se trabajará buscando maneas diferentes de realizar los procesos sin que pierdan calidad”, afirmó Marrero Zayas.

TODO EL MUNDO CUENTA

El internado Dionisio San Román recibe cada año centenares de niños con necesidades educativas especiales que residen en las áreas rurales del municipio. Gisela Leyva es la directora del plantel, uno de los dos que en la localidad representan la enseñanza. Su labor llega también hasta los niños de la educación inclusiva, que cursan estudios en la enseñanza general.  “También aquí andamos al ritmo del ahorro, tratamos de apagar todo lo que podamos, respetamos las medidas del horario pico, y hemos cambiado en lo posible los horarios de la escuela. Hemos transformado los procesos, por ejemplo, el intercambio informativo que realizamos con los alumnos sobre la información del noticiero de televisión, ahora lo desarrollamos con la prensa escrita. El tema tiene salida curricular y los estudiantes lo asumen con seriedad, tratamos de concientizarlos para que apliquen esos conocimientos en la casa cuando van de pase. Como la escuela es su hogar casi todo el tiempo, las patrullas funcionan en la comunidad y en las aulas, el comedor, las cátedras. Tratamos de que sepan que el aporte más pequeño, es también importante”.

Pensar como país. Llega la hora de dormir y el beso de siempre se estampa en mi mejilla. “Hasta mañana, mamá”, me dice. “Apaga la luz”. Yo obedezco y hago “clic”. Pensando en Cuba.

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