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Esta es la historia de un enamorado que entregó toda su vida a su amada, que construyó de a poco un amor de leyenda, de esos que se cuentan entre sonrojos a los nietos. Radio Banes, que llegó este 25 de junio a sus 52 años, tiene varias así, donde se mezclan en justa medida la realidad y la fantasía. Esta es una de ellas.

Él se llama Remigio Ricardo Pavón y es ensayista, poeta y promotor cultural. A él le deben Banes y Cuba el rescate de imprescindibles de las letras, como Paco Mir o Gastón Baquero. Es padre y creador del café literario Palabras en la Arena, que conjuga a la UNEAC y a la Asociación Hermanos Saíz, en pos de la literatura. Es un intelectual banense, gallardo y firme, orgulloso de su estirpe y de su gente. Pero es mucho más. Para Radio Banes, es el Remi querido, que por muchos años se ha vuelto indispensable en sus pasillos, que ha marcado el estilo de la emisora con su obra y con su sabiduría. Por suerte, se enamoró de la Radio, con esa pasión arrolladora de los adolescentes, tanto es así, que recuerda esa noche mágica en que regresando de la Universidad de Oriente, donde estudiaba, vio el lumínico de la entonces Radio Nipe, cuál muchacha de ojos lánguidos, curvas de vértigo y dulzura sin límite. El flechazo fue instantáneo. Y dura todavía.

“Comencé de muy pequeño escuchando junto a otros muchachos aquellas aventuras y radio novelas que inmediatamente después del 59 se continuaban divulgando. Desde esos tiempos comencé a sentir la radio como un recurso, un sistema de expresión, de comunicación con eficacia y sentido artístico. En Banes, donde nací y vivo, existe tradición de radio, desde la década del treinta del pasado siglo, pero sucedió que de una forma abrupta e inexplicable se vio interrumpida. A finales de los años sesenta se volvió a intentar establecer una emisora, que transmitió de un modo que pudiéramos llamar “clandestino”, hasta que el 25 de junio de 1969 el ICR (entonces sin la T) la oficializa como Emisora Municipal y le asigna las siglas de CMKM. Allí comenzaron a laborar personas que yo conocía, esto me permitió un acercamiento elemental, pero nunca tuve la posibilidad de trabajar allí. Eso no ocurrió hasta los años ochenta, y me alegro que así fuera, porque entré a la radio con mayor madurez y una adecuada formación cultural para enfrentar una labor tan exigente como es la dirección”.

Pero nadie piense que esta historia de amor es huérfana de altibajos y contradicciones. Como buena novela, hubo momentos duros, escollos “insalvables”, instantes de dolor. Y como en toda buena novela, el muchacho enamorado se mantuvo firme en su idilio, conquistando en cada pedacito del día el favor de la dama, a ratos devota y fiel, a ratos casquivana y caprichosa.

“Recuerdo los primeros tiemposcomo un intenso laboratorio de creación y aprendizaje. Percibíamos ciertas zonas del quehacer radial un tanto débiles, y ante todo, pensamos que respetando los códigos, la radio tiene que ofrecer novedad, renovación y abrirse a una comunicación constante con sus oyentes. En la radio, como en casi todo aquello en que se requiera un toque artístico, los esquemas son perniciosos.”

“Lázaro García Correa era el Jefe de Programación de entonces, y abogaba por la renovación, de manera que sentimos ese apoyo. Luego comenzaron a trabajar jóvenes muy creativos, que con sus inquietudes suscitaban grandes discusiones y divergencias de criterios acerca de los cambios y la creación de nuevos espacios. Pero esa es la dialéctica de la creación.  En esas discusiones aprendimos mucho, y nos dimos cuenta que ya no solo contábamos con las tentativas, sino que desde lo práctico, podíamos contribuir con esa renovación”.

De tal manera amó Remi a Radio Banes que se reinventó a sí mismo para sorprenderla. Una veces vino vestido de guionista, y le coloreó el alma con sus besos de poeta. Otras se puso el traje de caballero andante, y le probó su fuerza y su valentía como director de programas. Otras más, acarició sutil su cuerpo con la gentileza de la asesoría, dejando la huella imborrable de sus dedos de artista. La llevó a las alturas, en la infinita danza del amor.

“Todas las especialidades las he disfrutado muchísimo, hasta la de musicalizar, que casi nunca se tiene en cuenta en nuestro medio. Escribir tenía un incentivo originario, era un reto cada día sentado frente a la máquina. Intenté ser creativo, conociendo a fondo que en la radio no se puede hacer literatura. Siempre me guié por ese consejo martiano que dice que el escritor diario no puede aspirar a ser sublime, lo más que puede es ser agradable. Ahora te digo, en mi caso, sitúo en la preferencia la profesión de asesor, pues tuve la posibilidad de participar en casi todos los procesos de la programación, desde la estructura general, hasta las valoraciones cualitativas y los planes temáticos. Definitivamente, la asesoría marca mi preferencia y mi destino.”

“Los momentos de satisfacción son muchos, porque no solo festejo los logros que me atañen a mí y al colectivo con que he trabajado. Esta emisora se ha ganado el prestigio que tiene por el trabajo de muchas personas que ponen su empeño en cada una de las tareas. He disfrutado mucho nuestros premios en Festivales Nacionales de la Radio y otros eventos, toda vez que competimos con programas de emisoras del más alto nivel en Cuba. Disfruté la posibilidad que me dio la Dirección Nacional del ICRT de ejercer como profesor, impartiendo cursos de habilitación para especialidades como asesoría, dirección y locución. Creo sinceramente que es un acto de insensatez no transmitir a los nuevos que llegan o quieren llegar, la experiencia que hemos podido acumular con los años”.

Su inmenso amor fue correspondido. La Radio se entregó toda sin ambages, lo envolvió hasta los huesos, se convirtió en su aliada.

“La radio me permitió escribir para los niños, hacer crítica de arte y literatura, escribir y dirigir programas culturales, hacerlos en alguna medida como los deseaba hacer cuando era solo un oyente. Tuve la posibilidad de comunicarme con un público amplio, compartir aspectos de ética, memoria histórica, amor a lo propio. Alguna vez me cuestioné si era un hombre de la literatura en la radio o un hombre de la radio en la literatura. Creo que pertenezco a las dos, intentando arañar de ellas lo mejor. Mi agradecimiento quedó plasmado al dedicar mi libro de entrevista, Desnuda vocación de la palabra, a mis compañeros de la radio.”

“Me atrevo a decirte que Radio Banes es una de las que en todo este concierto nacional, con mayor propósito promueve la identidad cultural. Aquí se promueve cultura desde la programación y cada una de las acciones extra radiales que se acometen, desde los concursos de interpretación hasta actos y veladas. En el contexto nacional casi se ha convertido en un slogan convocar esto de la identidad cultural, y no son pocos los que pierden de vista esta realidad: solo se ama lo que se conoce. ¿Qué hacer entonces? Divulgar, darla a conocer de una manera atractiva, con la adecuada realización, con seriedad, profundidad y amenidad, formas que permite la radio.”

“Abusando de mi memoria, me voy a concentrar en lo nuestro: cuando hablamos de periodistas como Rolando Gómez de Cárdenas, que dirigía una revista informativa semanal en Banes; cuando damos a conocer la obra periodística e investigativa de un Oscar Pino-Santos; cuando le dedicamos comentarios a la obra de Gastón Baquero; cuando incursionamos en el trascendente legado de Joel James; o de Sofía Haddad, la diva que quiso permanecer cautiva en su tierra, o de Fello Varona, excelente compositor casi desconocido, o de Augusto Blanca, fundador del Movimiento de la Nueva Trova. Cuando hablamos de los educadores banenses como Don Ramón Fernández Ventura, Luis Augusto Méndez, entre tantos; de los desembarcos mambises por nuestras costas, o de la visita del prócer jamaicano Marcus Garbey, del comandante Juan George Soto cayendo mortalmente herido en la Sierra Maestra, o cuando divulgamos los logros de nuestros atletas, como Caridad González, capitana del de selección nacional de baloncesto por varios años, o en el jabalinista paralímpico Ulises Aguilera, nuestro representante en Tokio 2020; cuando entrevistamos a Mariela Mulet, la arquitecta que dirigió la restauración del Capitolio Nacional, o a Bryan Mondeja, el joven científico que labora al más alto nivel en el desarrollo de la nanotecnología en Cuba, estamos haciendo patria, porque estamos enseñando a amar lo nuestro, a sentir orgullo por la huella que dejan con su talento y entrega”.

Largo ha sido el camino, difícil, valedero. Hoy, ya maduros, Remigio Ricardo Pavón y Radio Banes se miran a los ojos con la misma pasión, donde la ternura y el deseo se entremezclan, y se piden la eternidad.

“Radio Banes tiene mi amor porque es parte esencial de mi vida. Me gustaría que los nuevos se atrevieran más, que aprovecharan las posibilidades para crear nuevos programas con formas novedosas de comunicación. Por otra parte, me gustaría que se hiciera mucho más crítica, ese “ejercicio del criterio” que apuntara Martí; de hecho, en los cuestionamientos críticos y las discusiones francas se generan las mejores soluciones a los problemas. Yo nunca olvido algo que escribió un gran pensador de la antigüedad clásica, es algo que resume la importancia de la crítica en todo, dice: “No critiques a tu enemigo porque aprende”. Solo le deseo a mi emisora que estos  52 años sean un incentivo para una existencia infinita”.

No sé yo si escriba otra historia de amor. Sólo sé que esta es única: la hermosa historia de un bardo elegante, que una noche estrellada le entregó su vida a la Radio para siempre.

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