Read Time:2 Minute, 36 Second

Tengo amigos homosexuales, tanto mujeres como hombres. Tengo amigos bisexuales. Amigos queridos, personas maravillosas. Soy heterosexual y no lo oculto, es mi preferencia. Mis amigos tampoco ocultan la suya. Nunca ha sido un problema para ninguno de nosotros quién nos gusta o qué hacemos en las noches de romance. Somos amigos, y nos respetamos.

Una vez alguien me dijo que le dolería si su hijo fuese homosexual, pues él no podría ser feliz. Así me dijo. Me argumentó que siempre le faltaría algo…. Y en realidad el homosexual no es menos feliz o más feliz porque le falte nada, sino porque está expuesto a la mirada acusatoria de la sociedad, incluso hoy cuando damos programas de tv y películas, incluso hoy cuando estamos viendo, otra vez, La cara oculta de la luna, y hasta la boda de las dos señoras en la novela brasileña; incluso hoy cuando estamos ansiosos por votar por el nuevo Código de Familia.

En un día como hoy, al que poco a poco se ha unido tantas y tantas reivindicaciones, todas en función de la aceptación de lo diverso, se eliminó a la homosexualidad del listado de enfermedades mentales. Es una orientación sexual, no una enfermedad. No se contagia y no se cura. No les falta nada, no les sobra nada.

Mis amigos por ejemplo, son excelentes profesionales, son padres y madres y tíos e hijos y nietos amorosos, dedicados y gentiles. Son amigos a toda prueba. Y usted dirá, “¡qué suerte tiene usted, periodista!” De seguro empezará a ponerme ejemplos de chismes, gente problemática, calumnias… Y le pregunto yo, ¿entre sus flamantes amigos heterosexuales, no hay nadie que sea chismoso, vaya, que tenga algún defecto? Claro que los hay. Todos tenemos defectos. Pero a los heterosexuales nadie les pregunta en su cama qué hacen, con su pareja qué hacen, si tienen una o tienen 3, porque todo esto forma parte de la vida, y a nadie le interesa. “Si no me hace daño, que cada cual sea feliz”, me dirás usted. Y yo le respondo: esa es la idea.

Mamá, esos brazos de ese hijo o hija que no son lo que usted soñó, son aún los brazos que se aferraban a usted cuando niño, las que aprendieron de usted a andar, y a hablar y a reír.

Papá, ese muchacho que no cumple con lo que usted esperaba, aún lo tiene a usted como paradigma. Porque lo que buscamos en nuestros padres no es si tienen mujeres o maridos, sino las personas que son.

Ser felices o no, no depende de la aceptación, pero esta facilita el andar. Para cualquiera. Cuantas veces hemos tenido el mundo en contra por preferir un trabajo, un libro, una película, un novio o novia. Y hemos marchado sin miedo a la felicidad. Ellos también.

Ellos y nosotros, lo diverso, lo diferente, lo cambiante, es también Cuba, también hacen y fundan este país.

Sea quien sea el que va vestido de blanco, aún si son los dos, una boda es la celebración del amor, y este, como los juguetes, como los colores, no tiene sexo.

[ABTM id=2415]

Happy
Happy
0 %
Sad
Sad
0 %
Excited
Excited
0 %
Sleepy
Sleepy
0 %
Angry
Angry
0 %
Surprise
Surprise
0 %

Average Rating

5 Star
0%
4 Star
0%
3 Star
0%
2 Star
0%
1 Star
0%

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

ocho + veinte =