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Eran pasadas las cuatro de la tarde y la ciudad se debatía en ese tiempo en que los niños inundan las aceras robando segundos a la jornada con sus juegos. En una bocacalle, el improvisado partido de fútbol, las piedras que marcaban la portería, las jugadas que esquivaban los transeúntes. Y allí, defendiendo la portería con garra y experiencia, saltaba de un lado al otro una trenza larga, como la de los cuentos. Era una niña.

Las cubanitas en el fútbol aún son una novedad, aunque cada vez más se promueve el femenino. Sin ir más lejos, es considerado por los expertos el más practicado por este género en todo el mundo. La variante se ha vuelto popular en varios países, siendo una de las pocas disciplinas deportivas femeninas con ligas profesionales en ese ámbito.

En Banes, son muchas las interesadas, tanto a practicarlo como a disfrutarlo y sobresalen las casi expertas que pueden batirse con los más agudos seguidores de las ligas a todos los niveles. Sin embargo, aún proliferan los que dudan de sus conocimientos, y hasta los que subvaloran un interés que es lógico, siendo también ellas herederas de la estirpe futbolística que posee el territorio. Así, no es sorpresivo que en marzo de este año la selección municipal de Fútbol 7 femenino se situara en el segundo lugar del zonal provincial.

Y todavía así, la sorpresa llega a la casa cuando la pequeña comenta que esa semana en la escuela, en la educación física, están practicando fútbol. El padre, fanático del Barza o del Real Madrid, quizás abra los ojos, y mire a la madre buscando apoyo o una respuesta convincente. “¿Por qué fútbol? ¡Es una niña! ¡Las niñas no juegan fútbol! Las niñas, si acaso, lo ven, pero esa corredera no es de hembras, además le deforma los músculos”.

La madre no sabe qué contestar. Ella nunca practicó fútbol en la escuela. Cuando los chicos jugaban, ella practicaba voleibol, o básquet, pero nunca fútbol. Con cara desesperada llega a la escuela y mira a la profe que la recibe con una sonrisa. “Son otros tiempos. Los niños y las niñas tienen derecho a practicar todos los deportes que quieran. Su hija tiene talento, y el fútbol la ayuda, se relaciona mejor con los compañeritos, ellos la admiran, está más confiada, mírela usted misma.”

Y ante la madre pasan como un bólido las trenzas que ella mismo hizo con cuidado esta mañana. Su pequeña está sudada y corre con desesperación tras el balón. Para ella el tiempo no pasa, se siente como los grandes, como esos que mira cada fin de semana con su papá en el televisor, y quiere ser como ellos. Su madre nunca la ha visto tan agitada. Tampoco la ha visto nunca tan feliz…

Son cerca de las seis. El juego de futbol termina. Los pequeños Cristiano Ronaldo y Messi regresan a casa. Junto a ellos, marchan las trenzas de una de las muchas cubanitas que, a 125 años del primer juego de futbol femenino, saben que, aunque en aquel entonces el Daily Post de Inglaterra dijo que las chicas “no pueden y nunca jugarán al fútbol como debe ser jugado”, el deporte más hermoso del mundo también es cosa de mujeres.

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