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De entre mis mejores recuerdos de la infancia esta la biblioteca escolar del seminternado “Ciro Redondo”. Allí, una persona maravillosa llamada Felicia, alta, esbelta, con una voz pausada, tierna y exigente a la vez, me descubrió el mundo de los libros. Valga que lo hizo. Se lo agradezco una y mil veces.

Los libros han llenado y llenan mi mundo, de las mil maneras posibles. Y el primer paso fue en aquel recinto silencioso y sagrado para mí, que tenía tantos libros que me parecía enorme, a la altura de mis siete años. Por eso tanto me preocupa ver cómo cada vez más se separa de nuestra realidad el hábito de lectura. Ese que debe surgir en la familia, y consolidarse en la escuela.

Los tiempos han cambiado. Ya tenemos muchas otras formas de entretenernos, y esta generación prefiere los vídeos de YouTube antes que los libros, aunque los amantes de la literatura buscamos hasta las aplicaciones para móviles para no dejar de leer. Duele entonces que las bibliotecas ya no tengan la aplicación de entonces, que además de usarse para cualquier otra cosa, que está muy bien, no se explote como proveedora de sueños. Quise decir, de literatura, pero ¡es casi lo mismo!

Duele que en la asignatura de Literatura, en vez de proveer de las obras y exigir, por qué no, su lectura, se pongan las películas que las recrean. Claro, esto es un buen apoyo, y atrae la atención de los milenials, pero nada sustituye al libro, mucho menos si va a analizar como obra literaria.

Yo no creo que todo esté pedido, que no haya opciones y el libro vaya a desaparecer, si no hubiese quebrado la industria editorial, y no existieran cientos de sitios en Internet que proveen literatura de todo tipo. Aunque algunos prefieran lo tradicional, y otros la magia de la tecnología, lo importante es leer. Ni padres ni maestros deberíamos sustraer a nuestros hijos del embrujo que encierra vivir cien vidas en una, que es lo que significa, al menos para mí, leer.

Comencemos con la lectura nocturna, dignifiquemos los libros de texto, exijamos la lectura personal y la interpretación de lo leído, no le demos a los chicos el supuesto camino fácil. La lectura salva vidas. No la subestimen.

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