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El curso escolar en Banes debe iniciar en el mes de noviembre. Fotos: Carlos Rojas Véliz.

El reinicio del curso escolar es esperado y a la vez temido por las familias banenses. La situación epidemiológica compleja provoca preocupaciones, sin dejar de reconocer la importancia de retomar el proceso docente en los diferentes niveles educativos.

Sin embargo, muchos nos preguntamos, ¿cómo ha influido en los más jóvenes este tiempo de aislamiento forzado y la denteción de las rutinas habituales en otras épocas?

Un sondeo realizado por UNICEF muestra que la crisis del covid-19 ha tenido un importante impacto en la salud mental de las y los adolescentes y jóvenes de Latinoamérica y el Caribe. La investigacion amplificó las voces de 8 mil adolescentes y jóvenes de 13 a 29 años en nueve países y territorios de la región. El reporte da cuenta de los sentimientos que enfrentaron en los primeros meses de respuesta a la pandemia y la situación en el mes de septiembre. Entre los participantes, 27% reportó sentir ansiedad y 15% depresión. Para el 30%, la principal razón que influye en sus emociones actuales es la situación económica.

En Cuba no es muy diferente. Regresan a las aulas niños, adolescentes y jóvenes que se han visto afectados, que han enfermado, que han despedido a sus familiares fallecidos por la pandemia. Los más, han estado meses aislados en casa, con poca interacción con sus iguales, alejados de ese espacio innegable de crecimiento que es la escuela.

Desde el Ministerio de Educación se enfatiza en la necesidad de partir de la caracterización de cada estudiante y su ambiente familiar, además de las circunstancias particulares en que cada cual enfrentó la pandemia, para brindar una atención psicológica personalizada, donde primen el apoyo y el respeto a las diferencias. Educar desde las emociones, donde lo curricular vaya de la mano con lo afectivo, deberá caracterizar el reencuentro con las aulas en todo el país.

En Banes, los maestros y profesores ya se preparan en la metodología y la didáctica y asumen las transformaciones que parten de la nueva realidad y que inciden incluso en la preparación de las clases. En casa nos queda sobreponernos al reto diario que impone la supervivencia y sacar fuerzas para mirar atentamente a nuestros hijos, para conocer cómo se ha afectado su forma de ser tras estos golpes, para disminuir las horas en la Internet, el teléfono, la computadora o el televisor y potenciar la interacción de la familia, la conversación y la risa que tanto sirven no sólo para construir lazos firmes, sino además para sanar cualquier desgarradura.

La salud de las emociones no debe ser descuidada, ni para los mayores ni para los pequeños. Multiplicar las fuerzas y apoyarse en la familia son caminos a seguir.

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