Read Time:3 Minute, 31 Second

La vacunación en edades pediátricas ya es una realidad en Banes. Foto: Carlos García Matos.

Había una vez un bru, un brujito que en Gulubú
A toda la población embrujaba sin ton ni son

Es difícil entender el miedo a los pocos años. A esa edad todo brilla, todo reluce, todo es esperanza. Es difícil ver el mundo cada vez más pequeño, alejarse a la familia, extrañar a los amigos, casi olvidar el rostro de la maestra.

Mamá ha estado llorando. Lo dicen sus ojos. Los mayores creen que ellos no entienden, pero se equivocan. Los corazoncitos estrujados aprenden a despedirse del abuelo, de la vecina, del tío.

Ya no salen a pasear, y la pelota está aburrida al lado del papalote. Los muñes y el teléfono de papi dan dolor de cabeza de tanto usarlo. El patio se recorre una y otra y otra vez. Pero no es lo mismo. ¡Ahora el universo es tan pequeño!

Pero entonces llegó el doctorrrrrrr
Manejando un cuatrimotorrrrrrr

La vacunación en estas edades se lleva a cabo en las 5 policlínicas del territorio. Foto: Carlos García Matos.

Hoy mami tiene cara de alegría, y a la abuelita se le saltan las lágrimas. ¡Qué boba abuela! ¡ Llora por todo! Papi se sentó y le ha explicado que unos científicos muy inteligentes encontraron la manera de que regresen los amigos y la playa y la escuela y los abrazos. Y que todos tenemos que ayudar. Que hay que ser muy valientes, y poner el brazo. Que con un pinchacito regresará la alegría.

¡Un pinchazo! No lo puede creer. Se tapa los ojos y dice que no con la cabeza. “Es un picazo de mosquito”, le dicen. ¡Qué va!, si eso mismo decían la última vez, que fue en la nalguita, y le dolió “tantísimo” que después cojeaba al caminar.

Mamá dice que ahora es diferente. Que la aguja es pequeña, y que dentro está la solución para que la vida vuelva a ser normal. Y que los niños también tienen que hacer su parte.

Se queda en silencio. Frunce las cejas. Piensa mucho, piensa en muchas cosas. En las olas rompiendo contra la playa. En el papalote sobrevolando como si bailara en el cielo. En el beso de la abuela Cuca, que sabe a vainilla, y que no siente en su carita desde hace tanto. En la pañoleta aburrida en el armario. En Ricardito, que se sienta a su lado en el aula. O al menos, se sentaba…

Toda la brujería del brujito de Gulubú
Se curaron con la vacu…

Soberaba 02 se convierte en una madre protectora para las y los infantes banenses. Foto de la autora.

Mascarilla. Listo. Careta. Listo. Guantes. Listos. ¡Mamá, que no se quede el pomito del alcohol!

¡Hace cuánto tiempo no veía las calles! ¡Qué ganas de correr y correr! Pero hay que estar quieto. Tiene que hacer su parte para que la vida normal vuelva.

Ya casi llega el momento. ¡Le tomaron la temperatura con una pistola chiquitica de plástico! ¡Si se la prestaran para jugar!… Mira de soslayo a mamá, pero no se atreve a pedirlo. Hay que portarse bien. Tiene que hacer su parte.

Unos minuticos más y estará con la enfermera. ¡Ñó! ¡Como ha llorado ese niño! Mamá lo mira y le sonríe. Él se muere del miedo, pero aprieta las manos de mamá entre las suyas y aguanta la respiración mientras se sube en la silla. Todos están sonrientes allí: el muchacho que llena la tarjetica, la otra enfermera que organiza, las maestras de la escuela donde le tocó vacunarse. Ahí viene la jeringuilla. Aprieta los ojos. Escucha el clic de foto en el teléfono de mamá y la descubre con dos lagrimones en las mejillas.

“Pero no llores, mami, si esto no duele. Hay que vencer el miedo. Yo tengo que hacer mi parte”.

Con la vacuna nuna nuna nu

Centenares de niños en Banes a partir de los dos años han recibido la primera dosis de la vacuna cubana Soberana 02, intervención que apuesta por regresar a los más pequeños a la normalidad que les arrebató la covid-19. Su esfuerzo, sacrificio y valentía tienen un lugar especial en la batalla por la salud.

[ABTM id=2415]

Happy
Happy
0 %
Sad
Sad
0 %
Excited
Excited
0 %
Sleepy
Sleepy
0 %
Angry
Angry
0 %
Surprise
Surprise
0 %

Average Rating

5 Star
0%
4 Star
0%
3 Star
0%
2 Star
0%
1 Star
0%

2 thoughts on “¿Y saben lo qué pasó…?

  1. Los pequeños son tan perseptivos. Pueden leer a los adultos como un libro, cuando tratamos de ser valientes, ven el miedo que hay debajo. Todos los padres sienten por su hijo cuando reciben una vacuna, el pinchazo y el riesgo, sin importar cuán pequeño sea el temor de los padres. Sabemos que es lo mejor, pero los niños ven el miedo que hay debajo y piensan que es miedo al disparo. Con suerte, esta protección lo sacará pronto de la pandemia.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

20 − ocho =