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Cuando parece que no quedan resquicios al bloqueo que Estados Unidos ejerce contra Cuba, la administración de Donald Trump se esmera en dar otra vuelta al tornillo del garrote con el que pretende aniquilar a la Revolución Cubana.

Se trata de una política, la del bloqueo económico, financiero y comercial, que pronto cumplirá 60 años, pero que adquiere modalidades inéditas, en particular la saña para tratar de hacerle el mayor daño posible a la vecina isla.

El pretexto vuelve a ser el comunismo, a despecho de que la guerra fría tuvo formal final con la desintegración de la Unión Soviética y la caída del campo socialista en Europa.

Cuba es comunista, alega la Casa Blanca, y pretende diseminar esa ideología en América Latina, se desgañita el secretario de Estado, Mike Pompeo, quien culpa a La Habana por la resistencia de Venezuela y por los movimientos sociales que pasan factura al neoliberalismo en la región.

Washington incluso ha pretendido condicionar ‘aflojar la mano’ si Cuba reniega de sus principios. Pero la pequeña ínsula no traiciona a sus amigos, fue la respuesta desde La Habana.

El precio es alto y el ensañamiento desatado, a despecho de que por vigésimo octava ocasión la Asamblea General de Naciones Unidas votó por aplastante mayoría a favor de que Estados Unidos ponga fin al acoso contra Cuba.

La administración estadounidense no solo hace caso omiso al reclamo de la comunidad internacional, sino que extiende, de manera extraterritorial, los tentáculos del bloqueo para amenazar y castigar a quienes tienen nexos con la mayor de las Antillas.

Por ello la activación del capítulo III de la ley Helms-Burton, por la cual se presentan querellas en tribunales norteamericanos contra empresas que invierten en el vecino país.

Cuba apuesta por la inversión extranjera para impulsar su desarrollo y construir un modelo socioeconómico socialista próspero y sostenible.

Uno de los motores para ello resulta la industra turística, devenida blanco directo de los esfuerzos de Estados Unidos por ahogar a toda una nación.

Por este lado se alistaron terminales marítimas para recibir los cruceros de varias de las más importantes navieras internacionales.

De un plumazo Trump prohibió que esos buques toquen puertos cubanos, con lo que se quedaron con las reservas hechas para este año más de medio millón de cruceristas.

A las marinas cubanas ya no pueden atracar veleros y otras embarcaciones privadas estadounidenses. Es como si quisieran borrar al archipiélago cubano de las cartas nauticas.

Fue un golpe a la economía cubana, pero también a miles de trabajadores por cuenta propia, léase artesanos, transportistas, dueños y empleados de restaurantes y de otros negocios.

Cuba alistó varios de sus aeropuertos para recibir vuelos turísticos procedentes de diversas latitudes, incluidos de varios puntos de Estados Unidos, de donde viajan anualmente miles de cubanoamericanos.

Otro plumazo de Trump para prohibir los vuelos charter y solo autorizar como destino al aeropuerto internacional José Martí, de esta capital.

Los ataques vienen en paquetes, e incluyen nuevas restricciones a los viajes culturales y educativos de contacto con el pueblo cubano afectaciones a los servicios de transporte, banca, negocios de comercio, entre otras disposiciones que tocan incluso a las remesas que envíen los cubanos residentes en aquel país a sus familiares acá.

Más de 200 empresas cubanas, amén de hoteles administrados por compañías foráneas, integran una lista negra a las que Estados Unidos castiga con su polìtica de cerco.

Entre ellas Cubametales y la Corporación Panamericana S.A., encargadas de realizar las compras de combustible que Cuba precisa. De paso también incluyó a tanqueros venezolanos y panameños que traen los carburantes.

La intención no se esconde. Washington quiere apagar las luces, paralizar el transporte, cerrar las fábricas, los hospitales, las escuelas, las salas cinematográficas donde por estos días se exhibe en esta capital lo mejor del cine latinoamericano.

¿Qué más falta para dañar a Cuba? Resulta una pregunta que de seguro se hacen cada día los que tienen como rehén la política de Estados Unidos hacia esta isla. (Prensa Latina)

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