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El gordo y el flaco, la memorable pareja tantas veces vista por los que dejamos de ser jóvenes hace rato, regresa en un excelente filme realizado en 2018 por Jon S. Baird

El gordo y el flaco
Foto: Cortesía del autor

Stan & Ollie es su título original, pero poco le diría a los espectadores de este lado del océano si no se agregara que se trata de El gordo y el flaco, la memorable pareja tantas veces vista por los que dejamos de ser jóvenes hace rato, y que ahora regresa en un excelente filme realizado en 2018 por Jon S. Baird, quien antes se destacó por una serie sobre cómicos titulada Morir de pie.

De estreno en nuestras salas, El gordo y el flaco no es un recuento –biopic de por medio– de los éxitos de Stan Laurel y Oliver Hardy, sino más bien una reflexión acerca de unos artistas que vivieron para el trabajo y terminaron sus días aplastados por la decadencia que puede dejar el paso de la fama.

En tal sentido, es posible que la opción de centrarse en esa etapa de los años 50 decepcione a unos cuantos, empeñados en rescatar nostalgias provenientes de la era del silente, tiempos en que el áspero gordo y el tímido flaco  dieron  continuidad a la «comedia del ridículo», en  dos bobinas, introducida en el cine estadounidense por Mack Sennett.

Algo de ese mundo de triunfos aparece brillantemente recreado en los comienzos del filme, pero el interés del director se instala en los momentos en que los cómicos comienzan a ser olvidados, luego del fracaso de varios filmes, serie B, que ruedan entre 1940-46 a las órdenes de directores con pocas habilidades, y del refugio que deben buscar haciendo vodevil en teatros de mala muerte de Estados Unidos e Inglaterra.

Si bien Laurel y Hardy fueron de los pocos cómicos que pasaron con éxito del silente al sonoro, algún brillo perdieron en el tránsito. Luego de unos años, la amistad se resiente y hasta llegan a separarse por un tiempo bajo la  exigencia de la industria, que en todo momento los tuvo maniatados con contratos leoninos y cobrando mucho menos que otros cómicos de la época.

El director Hardy profundiza en la personalidad de los cómicos, en  sus desavenencias y concordias, siempre con el flaco trabajando como un galeote en la escritura de chistes y guiones, y el gordo dejándose llevar mientras lucha contra enfermedades  y sobrepeso, en tanto las esposas de ambos halan cada una hacia su puerto, entre amigables disfraces y no pocas pendencias.

Las actuaciones de Steve Coogan y John C. Reilly como el gordo y el flaco son magistrales y valen esta película, tan alegre como reveladora, y al mismo tiempo transida por la tristeza de las buenas  despedidas.

Tomado de Granma. Autor: Rolando Pérez Betancourt

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