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El equipo cubano tiene un difícil reto por delante en Arizona. Foto: Archivo

El próximo 22 de marzo a las tres de la tarde, ocho jugadores de posición, un lanzador y un bateador designado; saldrán a la grama del Tempe Diablo Stadium de Arizona en representación de nuestro país, en una pugna “a muerte” con la selección de Venezuela, en el marco del torneo clasificatorio para los Juegos Olímpicos.

Treinta horas más tarde (lunes a las 9.00 pm), en la trinchera opuesta estará la tropa canadiense-perversos verdugos que nos han aniquilado una y otra vez en las últimas contiendas-y al día siguiente (a la misma hora) el duelo será con los colombianos, quienes ya nos vencieron en los pasados Juegos Panamericanos de Lima.

El primer reto es derrotar al menos a dos de ellos para poder pasar a la llamada Súper Ronda, donde estarán esperando, con los bates en ristre, los dos elencos que sobrevivan en la otra llave, integrado por el cuarteto temerario de Estados Unidos, Puerto Rico, República Dominicana y nuestro sayón de moda: Nicaragua.

Al final de la batalla, solo el gran vencedor podrá clavar su bandera en el campo y recoger con orgullo el boleto olímpico, dejándoles a los ocupantes de los puestos dos y tres una última opción de luchar el suyo tres meses más tarde en tierras taipeyanas.

Para el béisbol cubano, apedreado sin compasión como un cristo redentor en los últimos años por emigraciones, escaseces económicas y varios etcéteras; la tarea es compleja y su resurrección en menos de una semana parece ser un milagro que solo ocurre en los pasajes bíblicos.

El panorama se oscureció aún más hace unos días cuando la Mayor League Baseball (MLB), su Asociación de Peloteros y la World Baseball and Softball Confederation (WBSC), llegaron a un acuerdo que permite la participación en el evento de los jugadores del roster de los 40 de los equipos de las Ligas Mayores.

Los cubanos, con los puentes dinamitados por la administración de Donald Trump, no podrán recibir legionarios y tendrán que batirse con sus tropas disponibles dentro de su territorio, reforzadas con los cuatro peloteros contratados en la Liga Japonesa.

Para rematar, los dos sluggers que llegan del lejano oriente, Alfredo Despaigne y Yurisbel Gracial, no han podido entrenar desde que pisaron aquellas tierras por arrastrar dolencias y se ha especulado mucho sobre su posible participación en la competencia, la que será avalada en los próximos días por un equipo de médicos cubanos.

El escenario es dantesco, nunca antes un equipo de la isla tuvo ante sí un reto tan grande con tan pocas herramientas visibles para hacerle frente a sus rivales.

Los nuestros tendrán que caminar descalzos sobre la braza caliente e invocar los espíritus de sus antepasados para llegar a la gloria. Despojarse de barreras mentales y demostrar esa calidad innata de los nacidos en esta tierra que desaparece sin una explicación coherente en eventos internacionales.

Siempre he admirado a Miguel Borroto porque es un director que comprende que es en la psiquis y no en las repeticiones de las rutinas de entrenamiento donde están las llaves que abren las puertas del éxito de cualquier conjunto, se inmola a veces con declaraciones aparentemente contraproducentes y altamente polémicas a cambio de alimentar la autoestima de los peloteros bajo su mando y es capaz de dejarse quemar en la hoguera de la crítica para que su tropa desprenda un grito de guerra.

La misión de nosotros los aficionados es apoyar, las redes sociales hoy en día son un jugador de banca. Dejemos fuera regionalismos y simpatías personales, olvidemos injusticias e insatisfacciones, esparzamos esa buena vibra sobre ellos como un polvo mágico y saquemos la bandera de la estrella solitaria para ondearla con fuerza. Nos vemos en el estadio.

(Tomado de Cubabebate)

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