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 La preocupación del gobierno de Donald Trump por las propiedades de quienes vivían en Cuba antes de 1959 es fantasiosa; el Título III de la Ley Helms-Burton y toda su letra son solo un pretexto para acabar con el modelo cubano, por excelencia humanista

Mapa.
Foto: Granma

Ya el imperio no se viste de oveja, teme a que, como en la fábula, el pastor lo tome de provisiones para los víveres de la familia. Hoy no se disfraza, está enfurecido y busca asirse a sus antepasados, desempolvando la doctrina Monroe, el macartismo y los peores momentos de la guerra fría.

Sus colmillos se clavan en Latinoamérica y el Caribe para hundirlos en los pueblos, ya sea mediante la toma del poder por oligarquías genuflexas con sus intereses, cualquier semejanza con Chile, Brasil o el autoproclamado Grupo de Lima, no es pura coincidencia; la desestabilización de gobiernos legítima y democráticamente electos, como Venezuela o Nicaragua; o por sus genocidas guerras económicas contra la Revolución Cubana.

Es fantasiosa la preocupación del gobierno de Donald Trump por las propiedades de quienes vivían en Cuba antes de 1959; el Título III de la Ley Helms-Burton y toda su letra son solo un pretexto para acabar con el modelo cubano, por excelencia humanista, que sigue clavado como espina atravesada en la garganta imperial y que le ha impedido lo que iniciaron hace 174 almanaques, en 1845.

En aquel año, México comenzó a perder la mitad de su territorio, después de que Texas cayera en 1836 en manos estadounidenses tras la desigual contienda bélica liderada por el general Sam Houston. Cumpliendo la pretensión del undécimo presidente de Estados Unidos, James K. Polk (1845-1849), quien desde que llegó a la silla de mandamás soñaba con esa apropiación, se oficializó la pertenencia de esa zona a EE.UU. La burguesía texana aplaudió la anexión, pues favorecía a sus plantaciones de algodón, donde eran explotados esclavos de origen africano.

Afirma Rafael Escalante en izquierdadiario.com, que «fue entonces donde las intenciones expansionistas de la Unión Americana se mostraron con mayor fuerza, y pusieron sus ojos en otros territorios mexicanos». En junio de 1846, Estados Unidos inició otra desigual guerra que terminó en el tratado de Guadalupe-Hidalgo (1848), con el despojo de California, Arizona, Nevada, Utah, Nuevo México y parte de Colorado y Wyoming. Ya EE.UU. tenía en juego convertir a México y posteriormente a América Latina en su patio trasero.

La suma total de esas superficies, incluyendo Texas que hoy es el segundo Estado más grande de EE.UU. es de casi dos millones de kilómetros cuadrados, más de lo que hoy aparece como extensión de México: 1 959 248 km2, según la publicación México mi país.

De acuerdo con nuestro colega Alexis Schlachter, especializado en temas de geografía y geopolítica, autor del libro Geografía sorprendente y conductor de un programa de la televisión cubana llamado La otra geografía, California es el Estado con mayor número de habitantes de Estados Unidos (34 501 130), el tercero más grande en extensión y produce la mayor cantidad y variedad de productos agrícolas del país. El común de las personas desconoce que la famosa Disneylandia y Hollywood se asientan en antiguos territorios mexicanos.

Apunta nuestro compañero que Nevada posee importantes depósitos de cobre, petróleo, plomo, oro y plata; que Utah alberga la mina de cobre a cielo abierto más grande del mundo; que Colorado, una de cuyas partes era mexicana, es visitado anualmente por un promedio de 14 millones de turistas que dejan 5 600 millones de dólares en ganancias. En cambio, Arizona cuenta con amplias riquezas minerales, en ganadería y cítricos; Nuevo México recauda casi 2 000 millones de dólares en turismo, y Wyoming es el primer productor estadounidense de lácteos y lana, sobre todo en el suroeste del Estado, arrebatado a México.

A propósito de la trasnochada e ilegal Ley Helms-Burton, ¿qué pasaría si México reclamara esos territorios a Estados Unidos? La pregunta es de John Ackerman, columnista en Russia Today, pero ¿tendrían respuesta?, o contestarían con la misma xenofobia y agresividad contra los inmigrantes, mujeres, niños y trabajadores, como hace el Presidente Trump, que ha insultado a la historia al proclamar a los cuatro vientos que «hay quienes se han aprovechado de Estados Unidos» y habla de establecer «relaciones comerciales justas» con su país.

Estados Unidos se aparece con su tejado de vidrio a demandar a Cuba con la Helms-Burton, una violación flagrante del Derecho Internacional y una agresión inaceptable a la autodeterminación de los pueblos del mundo.

Tomado de Granma. Autor: Oscar Sánchez Serra | oscar@granma.cu

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