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Foto: Fernando Almanza Cruz

Remigio Ricardo Pavón (Banes, 1954) ha dedicado buena parte de su quehacer intelectual de los últimos años a estudiar la obra del poeta cubano Gastón Baquero (Banes 1914 – Madrid 1997).

Pudiera conjeturar muchas hipótesis sobre su papel acucioso y profundo en la revelación de elementos esenciales acerca del hombre que escribió inocentes palabras en la arena, pero se hace obvio que sea su voz, en apretada síntesis, quien nos revele cómo ha sido esa búsqueda y esa pasión interminable.

¿Cuándo descubres a Baquero? ¿Cómo se da ese momento y qué repercusión causó en ti?

Yo conocí a Baquero, es decir, la obra literaria de Baquero, que es como entiendo tu pregunta, muy tardíamente, como les ha ocurrido a muchos cubanos. Sin embargo, siendo un niño, en los convulsos años sesenta, escuché en la puerta de mi casa este comentario: “dicen que el sobrino de Baudín, ese que era un gran periodista en La Habana, se exilió en la embajada de España”.

Mi abuelo no era un lector de libros sino de periódicos, era un anciano inválido que permanecía sentado en su silla de ruedas mirando la gente pasar, y le comentaban sucesos de ese tipo, así como  las noticias de los periódicos o las de la radio. Ebert Baudín era un señor que vivía una calle más abajo de la nuestra, había sido orador de un partido político y en esos momentos de que te hablo era conocido por su elocuencia despidiendo  duelos.

Luego supe que ese “sobrino periodista” se nombraba Gastón Baquero. Me parecía un nombre demasiado extraño para ser real, pero cuando me confirmaron que también era poeta, no dudé que fuera su verdadero nombre. Entonces, durante años, anhelé conocer la obra de ese importante intelectual nacido en Banes, en mi barrio inclusive, pero eso era algo realmente imposible en aquellas circunstancias.

Hubo de pasar mucha agua bajo el puente para toparme con el libro Lo cubano en la poesía, leí esos fragmentos de “Testamento del pez”, “Palabras escritas en la arena por un inocente”, “Saúl sobre su espada” y un soneto completo, “Del pan y de la muerte”, que reproduce Cintio Vitier en la Decimocuarta Lección, me permitieron intuir que se trataba de un gran poeta. Después, en la Escuela Nacional de Arte, el profesor José Prats Sariol, que estaba estudiando la obra de Lezama y el Grupo Orígenes, lo mencionaba con  frecuencia en algunas de sus clases y conversaciones, pero nada oficial; para el panorama literario de la Isla, Baquero no existía.

Tuve que esperar muchos años para encontrar su obra poética. No sé cómo evaluar ese primer contacto con la lectura de su poesía, casi fue como conocerlo, su efecto en mi psiquis fue como caer en un estado de gracia divina. Aquellos poemas que no se sabe cuánto tiempo estuvieron vedados para nosotros, ¿sabes?, pero esas contradicciones me hicieron comprobar cuánto me había perdido… ¡Madre mía!, cosas que solo entienden quienes aman la poesía y la cultura,  y en verdad fue una experiencia indescriptible.

Portada del último libro de entrevistado

Puedo decir que disfruté el descubrimiento de una poesía original, consustanciada con tantos destellos mágicos y vida común, que ponen a prueba tu capacidad asociativa, como muy pocos creadores alcanzan. Estaba ante algo que era novedoso por su nivel de fabulación y a la vez natural por su licencia afectiva y comunicativa. Enmudecí durante un  tiempo de tanto releer, no me atrevía a escribir nada, pero tuve una reacción positiva, comencé a releer la poesía de sus contemporáneos y la que desconocía. Trataba de constatar qué es lo que la distingue, qué la hace original, dónde y cómo su creación poética rompía con  el canon establecido, y cuáles eran sus fuentes nutricias. Quería saber todo sobre él. Una aspiración difícil en aquellos momentos.

Desde ese punto de vista tuve una ganancia enorme. Sirvió de auto preparación y forja de espíritu, aunque te pueda parecer exagerado. Leyendo su poesía confirmé algo que ya yo sospechaba: para ser verdaderamente cubano no hay que estar mostrando constantemente los atributos superficiales que muchos nos atribuyen como identidad. Creo que ese concepto de cubanidad, del que habla don Fernando Ortiz, encaja en él de un modo muy especial, y lo digo así porque un hombre con una formación cultural como la de Baquero, que conocía con profundidad a los clásicos y a la vez las expresiones más avanzadas del arte y la literatura del mundo, tenía incorporado el ser (en el más amplio sentido filosófico del término) cubano con una espiritualidad tan arraigada que lo hacían único.

¿Sientes que la analogía de que tanto tú como Gastón Baquero son poetas y los dos nacieron en Banes, era… ¿un deber? ¿un compromiso? ¿un acto de justicia o de pasión dedicarte a su obra como lo has hecho?

Primero debo aclararte lo de “analogía”, pues que Baquero es un poeta estoy absolutamente seguro, pero que yo lo sea ya no estoy tan seguro, sería una desmedida presunción de mi parte creerme poeta, sobre todo cuando mencionas a un creador de su talla, a la vez que una excesiva generosidad de tu parte darme esa condición.

Ahora intento responder tu pregunta. Yo todo el tiempo estuve buscando información sobre el tema. Entrevisté al tío Ebert Baudín con una grabadora de casette que apenas podía reproducir lo grabado, pero yo “le pegué” el oído y transcribí las partes más audibles. Después, con más tiempo y paciencia, pude transcribirla completa, en todos sus detalles.

Una primera versión la publicamos junto a una carta de Baquero a su antiguo profesor Luis Augusto Méndez, que había sido donada  poco antes por el hijo de este profesor a la Biblioteca Municipal de Banes, e incluimos además tres poemas de Baquero: “El viajero”, “Manuelita Sáenz baila con Giuseppe Garibaldi el rigodón final de la existencia” y “Marcel Proust pasea en barca por la bahía de Corinto”. Salió así en 1995, Gastón Baquero: un recuerdo familiar y otros textos del poeta, realizado junto al amigo Julio César Guerrero, y gracias al poeta vasco Miguelángel Zorrilla, a cuya cuenta corrió la edición en España, en realidad era un folleto de 32 páginas. Este folleto llegó a manos de Virgilio López Lemus quien nos envió una atenta carta en la que nos sugería continuar estudiando la obra de nuestro gran poeta, revestido el hecho por una singularidad toda vez que lo haríamos desde su tierra natal.

Remigio Ricardo Pavón (derecha) y su entrevistador,
Enmanuel Castells Carrión

Te soy sincero, aquello personalmente me alentó, pero lo de dedicarme al estudio de su obra no sabía cómo. Ocurrió que mi amigo se va a vivir a España y comienza a enviarme recortes, fotocopias, libros y materiales sobre el tema. Por ejemplo, en Una señal menuda sobre el pecho del astro, el libro de ensayos que publicó Ediciones La Luz, de Holguín en 2014, contiene unos diez artículos ensayísticos que yo poseía fotocopiados directamente de la revista Mundo Hispánico de la década del 70. Eran textos únicos, editorialmente hablando.

Dedicarme a divulgar su obra creo firmemente que es un acto de  justicia, al que también le he puesto pasión, claro, porque es un deber de cubano, de cubano de patria grande que ama intensamente su cultura; sería mezquino pensar en cuestiones de territorialidad, terruño o algo así. En el libro de ensayos hago una dedicatoria: “Para el lector cubano, que merece conocer esta herencia cultural”. Porque ante todo hay que ver esa obra como obra de un cubano, luego entonces pertenece a la cultura cubana. ¿Quién puede negarlo? ¿Quién posee el cetro divino para dictaminar: este autor puede pertenecer a la cultura cubana y este otro no puede? Si se tratara de un escritor mediocre, está claro que no vale la pena, pero no es el caso.

Esa es mi proyección objetiva, y con sentido común pienso en el lector, pienso en las personas que pueden disfrutar de esa obra literaria, deleitarse, nutrirse desde el punto de vista estético, elevar su formación cultural y hasta estimular su sensibilidad y talento conociendo esta obra, enriqueciéndose espiritualmente y amando mucho más lo propio y original de la cultura cubana. Se trata de una obra que convoca a muchos estudiosos dentro y fuera de Cuba. En fin, sólo me considero un divulgador de esta obra, por la que siento un gran respeto, dicho sea de paso, obra que está aún por descubrirse y, sobre todo, carente de estudios profundos.

Pero antes quiero dejar bien claro que si algo se ha logrado ha sido gracias a intelectuales como Luis Yuseff, director de Ediciones La Luz, cuya participación en estos proyectos de divulgación fue decisiva, a los editores de Ventana Sur de Granma, quienes le dedicaron un dossier maravilloso en su revista, a otros artistas como tú, amigo Enmanuel Castells Carrión, que realizaste una exposición fotográfica dedicada íntegramente a Baquero y a Banes, al joven artista de la plástica Ernesto Pérez Vicente (Netto) quien expuso una sorprendente iconografía de nuestro poeta. A ellos, mi eterno agradecimiento por su colaboración.

Digamos que hay un Baquero más conocido que otro. El poeta de “Testamento del pez” o de “Palabras escritas en la arena por un inocente”, deja un poco en la sombra al excelente ensayista, periodista y crítico de arte que fue. ¿Cómo valoras esa dualidad? ¿Cuál consideras que ha sido su aporte en ese sentido?

El Baquero poeta es el más conocido, y eso es justo. Baquero es esencialmente poeta, poeta inmenso y singular. Un creador que no padeció de esos conflictos de identidad, ni del síndrome de la nostalgia, el dolor, la angustia o resquemor. Un hombre convencido que la vida es un evento que conduce a un solo destino: la muerte, y que la muerte es precisamente el retorno al punto de donde salió.

Baquero descubrió el bosque hechizado de la poesía, se sumergió en él y, pródigo en imaginerías, fecundó el mundo poético que lo trasciende, con sus magias, sus códigos, sus invenciones, todo ello de un valor extraordinario para la cultura cubana. En fin, es el artífice de un pensamiento poético que se desmarca de retóricas, de trillados discursos, de folclorismos y convencionalismos líricos.

En su obra hay una eticidad, una filosofía, un deslumbramiento por todo lo que le rodea, imaginación sin límite y un fundamento de lo que es el Ser de la Poesía, de eso que los griegos de la antigüedad llamaban poiesis, y que quiere decir creación, la esencia que la identifica y su razón de existir como principio inmanente en la conciencia humana.

Sus coordenadas afectivas, su persistencia en el misterio del mundo y al mismo tiempo en la existencia corriente, su palabra penetrante e iluminadora, crean un universo, el universo lírico Baquero. Está entre los más grandes poetas cubanos. Y no son pocos los que consideran que está entre los mejores poetas de la lengua. ¿Son necesarias otras pruebas de valor? Entonces, no viene al caso establecer dicotomías.

Sin embargo, debemos reconocerlo: su obra periodística en el terreno de la cultura, lo que se llama hoy en día periodismo cultural, clasifica sin ninguna duda entre lo más excelso que se haya producido en el periodismo cubano. Fuiste testigo de las expectativas creadas alrededor del libro de ensayo Una señal menuda sobre el pecho del astro presentado en el Pabellón Cuba en 2015, y después las opiniones que generó entre aquellos que no conocían su obra ensayística. También conoces Paginario disperso, la selección de ensayos que publicó Ediciones Unión. Los lectores descubren a uno de los más lúcidos analistas y guías en temas artísticos y culturales; sin discusión, una prosa discursiva de elevados quilates.

Peña literaria Palabras en la arena, donde el sábado, 4 de mayo último, se presentó el último libro de Remigio sobre Gastón Baquero, cuya portada se muestra más arriba. Como se observa, estuvo bastante concurrida. Foto: Karen Rodríguez Castellanos.

¿Consideras que ya está salvada la obra de Baquero para el lector cubano?

Salvado no hay nada. No olvides que siempre hay arribistas cuyo modus operandi es usar la ideología para manipular y obtener influencias.  No basta con los pocos libros que han aparecido. Es necesario que circule más allá de los predios académicos, que se incorpore al torrente artístico-literario de la sociedad. Una población instruida como la nuestra que se supone encaminada hacia niveles culturales más elevados, y que sabe incorporar lo culto y lo popular con legítima coherencia en sus proyecciones, debe tener esta obra en un lugar visible y a su alcance.

Por ejemplo, Baquero ya aparece en la nueva Historia de la literatura cubana, aunque solo se le da tratamiento a su poesía inicial, la escrita en Cuba, y se soslaya las creaciones posteriores, y cuando se habla de los ensayistas del Grupo Orígenes apenas se dice: “sin obviar la aguda penetración crítica de un Gastón Baquero”. Creo que a partir de estos nuevos libros que divulgan sus ensayos y su poesía ha de ser otra la actitud de los historiadores

Desde tu valoración crítica, ¿sientes que Baquero está realmente en el sitio justo que le toca dentro de la cultura cubana?

No está en el justo lugar que merece, pero entiendo que eso será gradualmente. Mira, al menos se ha levantado el silencio sobre su obra. Eso ya es un paso de avance. La prohibición no es la mejor política. Puedes leer esa obra y llegar a hacerla tuya en la medida que te identifiques con ella, sin limitaciones y prejuicios extraliterarios. Que llegue a estar en el lugar justo, el lugar  que se merece, ya será resultado de un proceso que han de asumir los críticos, los estudiosos, los historiadores, los propios intelectuales que acudan a ella como referente, y también se necesita una política coherente, sin extremismos ni oportunismos, evidentemente.

Hasta el propio Baquero, con su excepcional inteligencia, claro, se dio cuenta que su reconocimiento como poeta debía abrirse desde su patria, su pueblo, que su lector ideal es el lector cubano, el nacido en esta tierra y alimentado con su savia. Entre los escritores cubanos, más o menos de mi generación, que con pocas palabras han defendido esta posición de hacer lo justo por la cultura cubana, está Arturo Arango. Él habló en una entrevista del “derecho de Gastón Baquero a regresar a sus lectores naturales, y el derecho del lector, del ciudadano, a conocer y apreciar la obra de Gastón”. Y sus lectores naturales, obviamente, somos nosotros, los cubanos.

 ¿Qué es lo que más admiras de Gastón Baquero?

Esa condición, casi imposible de definir, que se llama cubanía.

 ¿Qué es lo que más te seduce de su obra?

El descomunal talento y sensibilidad puestos en ella tan sutilmente. 

 ¿Qué le falta a hacer a Cuba por Gastón Baquero?

No tomarlo con pinzas. 

 ¿Qué le falta hacer a Banes por su hijo más ilustre?

Un pueblo que solo piense en el éxodo poco puede hacer por su propia memoria.

 ¿Qué le dirías si lo tuvieras delante?

Gracias, Maestro.

 ¿Quién es Remigio Ricardo Pavón?

Un hombre de la tribu que araña la piedra.

La Habana, Septiembre de 2017

(Entrevista a Remigio Ricardo Pavón por Enmanuel Castells Carrión)

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