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La ceiba de Banes, junio de 2020. Foto: Rodolfo Morera Vega.

Con el fin de la Guerra de los Diez Años y el inicio de una nueva etapa en nuestra historia patria, denominada “Tregua Fecunda” o “Reposo Turbulento”, siguiendo la óptica martiana de: “Época de aprovechamiento y de reconstrucción; y tregua más útil tal vez que el triunfo mismo, e indispensable acaso para el triunfo”; La Ensenada, como se le llamaba entonces a Banes, también sufriría importantes transformaciones en el orden económico, social y cultural.

Fue una etapa de asentamiento poblacional que escapó de la guerra y que según se estima llegó al millar de personas, abriendo el camino al poblado de Banes y a su futuro crecimiento. Su posición geográfica, con puertos y tierras fértiles, hizo posible su desarrollo agrícola y el comercio, y con la llegada de la familia Dumois vería también el nacimiento de la plantación bananera y el ferrocarril con su “Panchito”, en 1888, la pequeña locomotora que recorría el trayecto entre “El paradero de Mulas”, donde estaba el almacén de acopio del banano -guineo Johnson- para su transportación por ferrocarril hacia el puerto de “El Embarcadero”, desde el que se exportaba hacia los Estados Unidos.

Aquel “Paradero de Mulas”, nombre que recibió el lugar porque allí arribaban las carretas cargadas de banano tiradas por mulas, se convirtió en un centro de socialización, donde se comía, bebía, peleaban gallos, se jugaba y bailaba; y se cuenta que allí se bailó por primera vez el llamado baile de “El Chivo”, recogido como originario de Banes.

La ceuba de Banes durante el invierno. Foto: Alberto Santiesteban Leyva.

Según los cálculos, esta es la etapa en que tuvo su origen uno de los símbolos que desde hace más de un siglo distinguen a Banes: la ceiba de la calle que hoy lleva su nombre. Hubo, y hay todavía, otras, quizás con la misma antigüedad, pero ella es la emblemática. Datos recogidos en los años 1903, 1904 y 1906, constituyen evidencias de su existencia en aquella época. Sobre su origen nadie lo sabe con certeza, pero lo que sí es real, es que los vecinos fundadores contaron a sus continuadores generacionales, que antes de la “última guerra”, como le decían entonces a la contienda del 95, ya existía la ceiba en ese lugar, sin la corpulencia y belleza alcanzada hacia la primera mitad del siglo veinte y que llega hasta nuestros días; también coinciden en que fue casual su nacimiento, transportada la semilla por un ave o flotando al abrigo protector de la burbuja de lana que la protege y viaja largas distancias impulsada por el viento.

Otros decían que era la esquina de un antiguo potrero. Lo cierto es que, bajo su poderosa y refrescante sombra, unas cuantas generaciones de banenses jugaron de niños. Ella disfrutó viendo cómo se disputaban su lana, que reventaba de los copos y se recolectaba para relleno de almohadas, cojines y hasta alguno pudo hacer su colchoneta. Más cerca en el tiempo, con la pavimentación de las calles, sus flores -cargadas de un almíbar muy codiciado por las abejas que la colman en esa fecha- cubren las calles provocando no pocos accidentes en peatones, ciclos y hasta autos, al formarse una capa o colchón muy resbaladizo.

La ceiba de Banes, llevada a canción y a poesía, debe tener una antigüedad de 130 años, aproximadamente. Ella nunca exhaló un reproche a pesar de que se taló su piel y hundieron cuchillas en su corteza, siempre ofreció su sombra protectora y el descanso para los caminantes y vecinos. Fue y es el punto de reunión para todos, lugar donde se depositaban ofrendas religiosas aprovechando la intercepción de los cuatro caminos.

Cuenta una vieja leyenda que, a las doce de la noche de cada 31 de diciembre, sale de su tronco una gallina con doce pollitos a saludar el Año Nuevo; también en esa fecha, banenses de cualquier parte de la ciudad vienen a ella para darle tres vueltas contrarias a las manecillas del reloj y pedir un deseo que no debe revelarse, y vestidos con todo tipo de atuendos y equipajes.

El ciudado de la ceiba de Banes dede ser una prioridad. Foto: Alberto santiesteban Leyva.

Es la vieja ceiba que ha soportado estoica el embate de cuatro huracanes: el Flora (1963), el Ike (2008), el Sandy (2012) y el Irma (2018).

Si es verdad que los árboles tienen alma, esta vieja ceiba tiene la gracia y el aché para el bien y la bondad.

Hay que llamar la atención, sin embargo, hacia lo que se ha convertido, tristemente, en un mal hábito y una falta de civilidad, además de indisciplina social, cuando algunas personas convierten sus raíces en vertedero, cubriéndolas con basura de todo tipo.

La ceiba es un patrimonio local, y su protección y cuidado debería ser una prioridad de las instituciones y vecinos. Por eso, defendámosla y con ella nuestro patrimonio, porque para la Ceiba de Banes, un ambiente y un entorno mejor, también es posible.

Una colaboración del Master Andrés Martínez Pérez.

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2 thoughts on “La ceiba de Banes, historia y reflexión

  1. Excelente, me ha informado maravillosamente de la historia de tan preciada joya y parte de nuestra historia, cultura e idiosincrazia. Gracias a los escritores y colaboradores.
    Saludos desde Pinar deo Río.
    Dr. Roberto Autberto Mayo Cordovés. (Un banense más)

  2. Tengo una duda. Pork cuando niño escuchaba hablar del Ceiba Bar, hasta en una cancion de Tito Gomez, que se titula Banes.
    Es la misma Ceiba???

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