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Vista recientemente en nuestra televisión, Gambito de dama (NETFLIX) ha sido mucho más que una realización reverenciada mundialmente gracias al eficiente cóctel de «historia de superación», y al feliz desempeño de la actriz Anya Taylor-Joy como la huérfana que llega a colocarse en planos estelares del ajedrez mundial; un extra, el de la serie, que se sitúa en el ámbito de la repercusión social, por cuanto el gusto por el llamado juego ciencia ha vuelto a motivar a millones de personas.

Las cifras aleatorias a la serie son impresionantes y, al interpretarlas, no pueden olvidarse factores como el aislamiento provocado por la COVID-19, las posibilidades de la era digital y el terreno ablandado por filmes como El caso Fischer (2014), drama biográfico interpretado por Tomey Maguire, en el que se narra el encuentro por el campeonato mundial sostenido en 1972 entre el estadounidense y el ruso Boris Spassky –con la Guerra Fría como telón de fondo–, época de tensiones entre Estados Unidos y la Unión Soviética que disparó el interés por el ajedrez y su cine, y es reflejada, igualmente, en Gambito de dama, aunque de una manera menos maniquea que otra veces.

Pero volvamos a las cifras, luego de que el éxito de audiencia de Gambito de dama volviera a desempolvar tableros: se estima que las ventas de juegos de ajedrez tuvieron un incremento del 250 %, mientras que profesores expertos fueron recabados en las redes sociales para desentrañar entuertos y las partidas, vía internet, con rivales de cualquier lugar del mundo, crecieron en un 160 % en relación con 2019. Google, por su parte, informó que la demanda de la palabra ajedrez se duplicó y que la búsqueda «cómo jugar ajedrez» alcanzó su mayor reiteración en los últimos nueve años. Lo mismo ha sucedido en la procura de libros especializados y la Federación Internacional de Ajedrez ha dicho, frotándose las manos, que espera que los programas escolares de sus países miembros se incrementen en este 2021 de 30 a 50 millones de estudiantes. «Lo importante es saber aprovechar el instante y crear planes, de manera que ese interés no se pierda», recalcaron representantes de la entidad.

Las cifras continúan y hacen pensar en otros momentos de la historia del ajedrez que levantaron un entusiasmo general, y en tal sentido los cubanos recordamos, de manera especial, la xvii Olimpiada Mundial de Ajedrez, celebrada en La Habana, en 1966, con cifra récord de 52 equipos y un día de apoteosis nacional cuando Rogelio Ortega derrotó al belga Josef Boey, lo que motivó la clasificación de nuestro conjunto a la ronda final del grupo a, acontecimiento que solo había tenido lugar en Buenos Aires, 1939, con un equipo encabezado por José Raúl Capablanca.

Al hablar de Capablanca y del cine y de ese entusiasmo por el ajedrez que periódicamente salta a la palestra, cabe recordar que el gran campeón tuvo un papel importante en el clásico La fiebre del ajedrez, comedia silente con una actualidad impresionante, realizada a partir del Torneo Internacional de Moscú de 1925, que reunió a la crème de la crème del momento. Jugadores que por entonces gozaban de una popularidad semejante a la de una estrella de cine, o del rock actual y con Capablanca a la cabeza de ellos.

La fiebre del ajedrez es el primer filme de ficción de Pudovkin, uno de los grandes del cine soviético que hace gala aquí de un montaje dinámico surgido de la escuela del maestro Lev Kuleshov. En veintitantos minutos aparecen escenas recreando a los jugadores más importantes y, a la par, una imaginativa y muy cómica historia de amor: el protagonista es un apasionado del ajedrez, que olvida incluso la hora de matrimoniarse por estar jugando en la calle, y su prometida, una enemiga a muerte del mundo de los trebejos. En los finales, ella, frustrada, conoce a Capablanca, que acorde a cierta fama comienza un galante flirteo y la invita a verlo jugar. Una vez en el salón de la contienda, la mujer se reencuentra con su novio y, apasionada por la pasión que ha visto en torno al ajedrez, lo acepta y lo besa.

Momentos estelares de una fiebre por el ajedrez que ahora se repite, solo que, como nunca antes, a partir de una heroína de la ficción a la que brillantemente le otorga vida en Gambito de dama la actriz con raíces argentinas Anya Taylor-Joy.

Millones de espectadores han solicitado una segunda parte. Y aunque ya los productores dijeron que no, en estos menesteres nunca se sabe.

(Tomado de Cubasí)

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