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La historia es la guardiana del pasado, de los hechos, pero se encarga de mucho más. Muestra el esplendor, su surgimiento y decadencia. Se asegura de traer desde el pasado hechos resguardados en el tiempo y en el que en su época formaron parte del florecimiento de una ciudad, un pueblo, una comunidad.

Sobre Arrollón de Flores, pueblo banense situado a 10 kilómetros de la cabecera municipal, son diversas las historias que se cuentan. Muchas, gracias a personas que han envejecido en esta zona y que traspasan sus conocimientos de generación en generación. Lo cierto es que Flores en el pasado siglo vivió el surgimiento de una gran comunidad mostrando una increíble infraestructura en comparación con su época.

Cuentan que alrededor de tres barberías brindaban sus servicios en la zona. Costumbre que no ha muerto en la comunidad pese a que los locales no son los mismos. Aún así, varios de estos servicios, incluido el ubicado en la cooperativa «26 de Julio», mantienen esta práctica en el barrio.

También se encontraban ubicadas en la zona una panadería y una Farmacia que contaba con un especialista encargado de elaborar los medicamentos. Actualmente, se encargan de llevar a cabo estos servicios en la zona otra Farrmacia, la actual, y un Consultorio del Médico y la Enfermera de la Familia, con las características de estos servicios creados por nuestro gobierno revolucionario.

Varios centros culturales, por describirlos de alguna forma, también formaban parte del los lugares que caracterizaban a esta comunidad, los cuales contaban con tiendas y bares que amenizaban el poblado en aquel entonces. Aquí se pueden mencionar la tienda de Gerardo Escobar y el bar-tienda de los Quiñones. Esta ultima, una estructura que aún prevalece, donde también se encuentra una vivienda, considerada, según los dueños, como la casa más próximos a la carretera desde Banes hasta una amplia trayectoria en la carretera hacia Holguín, una estrategia del dueño en aquel entonces para que su negocio tuviera una mayor visibilidad.

Este local, según los dueños, contaba con uno de los primeros sistemas contra vibraciones de la zona en aquella etapa.
Aunque no quedan muchos, en la localidad aún existen inmuebles que datan de más de 60 años. He tenido la posibilidad de visitar algunos, parece que viajo en el tiempo.

Dialogando con Esmirna Montero, dueña de una de estas viviendas, me comentó cómo su casa, en la cual lleva casi 60 años, apenas se ha remodelado. Mantiene su estructura original. Se encuentra ubicada en las cercanías del parque de Flores y resalta por su estructura.

Pese a que el tiempo ha hecho sus estragos, es una muestra de la historia.
Sería bueno realizar acciones que permitan reparar y mantener por muchos años más este tesoro de la historia local.
En la actualidad, Flores es una comunidad que lucha por conservar sus raíces, su historia. Batalla para defender su identidad. Raíces fuertes le sobran.

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