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Hablar de este tema es tan importante para una sociedad como hablar del trato que les da a sus ciudadanos. Es lamentable ver a diario animales domésticos, como perros y gatos, deambulando por las calles de nuestra ciudad.  Para nadie resulta un problema que estas criaturas no tengan un hogar, lo que también se traduce en la falta de alimento, atenciones médicas y abrigo. Carentes de todo derecho, vagan enfermos y hambrientos, lo cual supone un desagrado social y no una preocupación lacerante.

La causa fundamental de este asunto radica en la terrible insensibilidad a la que nos enfrentamos hoy, una falta de conciencia y humanismo que ha calado el alma de nuestro pueblo, no de todos, pero sí de aquellos que permiten que cada día sea abandonado en cualquier esquina solitaria y apartada un animal.

Pero el maltrato se manifiesta no solo en el abandono, sino también en no brindarles las condiciones de vida necesarias. Que a diario reciban un plato de comida atados a una jaula no significa que usted brinde atención a su mascota, todo lo contrario, privarlos de su libertad es también violar sus derechos. Ya es habitual contemplar de manera pasiva y sin reprimendas las despiadadas peleas de perros y gallos para lucrar con su sufrimiento, esas a la que un sector de nuestra población acude a modo de diversión como si aún viviéramos en la antigua Roma.

Los niños son también, desafortunadamente, grandes exponentes del maltrato animal, y por “inocentes” se consiente muchas veces este comportamiento, pero esto es solo agravar la situación, es deformar sus personalidades; es, en ocasiones, potencialmente un síntoma de violencia familiar. Es parte también del rol adulto formar sus caracteres e inculcarles el cuidado por estas criaturas. 

Los caballos sufren esta realidad día a día, y lo peor es que por habitual ya es “normal”. El sol que les curte la piel, la carga que los agota y vence por ser mayor a la que pueden soportar, la sed y el poco descanso que no se compara con las horas de trabajo, son abusos inadmisibles a los que son sometidos a fuerza de látigo. Es necesario que se amonesten y multen estos patrones, así como se piense en estrategias para modificar el modo en se trabaja con ellos.                           

La responsabilidad de velar por el bienestar de las mascotas es total y enteramente nuestra. Debe ser de interés ciudadano y de las autoridades contrarrestar este problema, ocuparse de manera seria en tomar medidas de impacto que protejan y amparen el derecho animal. Penalizar de modo riguroso la violencia sería el primer paso para erradicarla, así como proveer a las clínicas veterinarias estatales de los medios necesarios para atenderlos y crear campañas de vacunación, entre otras acciones que pudieran ejecutarse en ese sentido.

Son numerosos los ejemplos que pudiéramos citar en este tema, pero lo más importante es que usted reconozca que convivimos con un problema que también merece de toda nuestra atención y preocupación, el cual depende de nosotros mismos. Tomar conciencia que amamos a los animales, es el primer paso para abogar por su pleno reconocimiento, por la defensa de estos guardianes, a veces alados, a veces peludos, a veces de caparazón, o escamas, que son al final un miembro más de la familia.

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