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Caricaturas tomadas de internet

Cuba se ha caracterizado siempre por la calidez de su gente, por lo cercana que es la población, por la facilidad con que no solo de vecino a vecino, sino entre desconocidos, puede surgir un acercamiento para preguntar por algo en particular, para pedir un favor, para sugerir un remedio, para avisar de que hay algo en venta. Por lo general, el cubano es así de servicial, atento y humano.

Pero, honestamente, ¿siente usted siempre esa supuesta calidez cuando llega a un hospital, a una farmacia, a una tienda, a un local gastronómico, por solo mencionar algunos, o en realidad nota muchas veces cierta hostilidad de aquellos que nos reciben y tratan?

Muchas son las quejas que a diario escuchamos en la calle: malos tratos, malas caras, pocas palabras, balbuceos de mala gana o la ignorancia total. Lo más irónico es que provienen de trabajadores que brindan servicio a la población, por lo que necesariamente deben tener una grata formación profesional y personal para lidiar con clientes, pacientes y pueblo en general. Y me pregunto: ¿no existe un protocolo que mida y vele las actitudes y aptitudes del personal que se contrata, o sencillamente se viola este procedimiento?

El pueblo muchas veces es también responsable. Nos acostumbramos a las malas maneras y el pensamiento más común es: ¡para qué hablar, si nada vamos a cambiar! Y ahí radica la raíz del asunto, debemos conocer siempre nuestros derechos y con ellos como escudo, exigir por la manera en que se nos atiende.

En algunos de los casos se costea un determinado servicio, sin embargo, no merece el precio la atención recibida; o cuando se necesita un producto de inmediatez, como un fármaco, y el maltrato es a tal grado que, aún después de preguntar de antemano, es necesario realizar una cola agotadora por la incorrecta información.

No son pocos los momentos de este tipo en la farmacia “La Nueva”, por ejemplo. Solicitar una mercancía para examinarla, como parte de un derecho, parece molestar e irritar a aquel que debe prestar ese cuidado como parte de su contenido laboral; la tienda industrial “Los Locos” es, lamentablemente, muestra de estos patrones en muchas ocasiones.

Por otro lado, y el más lamentable, es cuando penosamente debemos acudir a un centro hospitalario, como el hospital municipal, y chocamos con el maltrato y la deshumanización de algunos en el grado más terrible. Nadie asiste a un hospital por diversión, y la estancia siempre deseamos sea la más breve, unas veces de manera pasajera y sin consecuencias, pero otras con pérdida y dolor. Ante ambas situaciones, la atención debe ser la misma, de cuidado, de condolencia, de amor; pero no siempre es así, sino que encontramos seres fríos y con un halo de superioridad que solo inspira mayor malestar. Esos, todos los aludidos, no merecen nuestro silencio ni respeto, merecen que ejerzamos nuestro criterio para socavar tales comportamientos.

Sin duda, pudiéramos referirnos al maltrato en diversas aristas, no solo al que se manifiesta en el servicio y atención a la población, y lo haremos, porque el primer paso para denunciar un problema es dialogar sobre él, y no crea que cuando manifestamos dudas, quejas o críticas, significa que asumimos una postura negativa. Todo lo contrario, es sugerir mejoras, es transformar patrones de comportamiento, “es cambiar todo lo que debe ser cambiado”, una frase que todos conocemos de memoria y debemos asumir de una vez con responsabilidad.

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One thought on “Respeto, y nada más

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