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Ni las madrugadas ni los fuertes rayos del sol le impidieran que diera forma a los campos. Madre empoderada, luchadora, mujer campesina.

Cuenta que hacia magia con su tiempo, entre la casa y el trabajo, pero que fue el campo una de sus grandes pasiones.

“La Cooperativa para mí es una maravilla, yo quisiera ser joven de nuevo para volver a estar en ella”.

Si llegamos al barrio de la Cooperativa de la localidad de Flores y preguntamos por Daysi Chacón Remedios quizás sean pocos lo que sepan indicar quién es, pero si preguntamos por La China, muchos coincidirán valorando la dedicación, el esfuerzo y el empeño personificados en esta mujer.

Una vida dedicada al trabajo en el campo hace que hoy Daysi rememore sus vivencias como fundadora de la Cooperativa de Producción Agropecuaria (CPA) «26 de Julio», de Flores y se sienta orgullosa de los logrado. “Cuando entré a la Cooperativa yo era la única mujer. Eran 18 hombre y una mujer, 19 en total. Y yo dije que iba para el campo a trabajar. Con cuatro muchachos yo tenía que luchar la vida.”

“Desde que entré a la Cooperativa era trabajando. El trabajo que yo hice fue desyerbar hasta que me jubilé. Me gustaba muchísimo mi trabajo. Había de cocinera, pero nunca quise ser cocinera.”

“Fui jefa de brigada en el campo con las mujeres que luego se fueron sumando. Éramos 18 mujeres. Me vieron a mí y luego se fueron incrementando”.

La Cooperativa para La China se convirtió en su segundo hogar, y su trabajo la forma de realizarse y formarse en la persona de experiencia que es.
“La Cooperativa para mi es una maravilla. Yo quisiera ser joven de nuevo para tener los deseo que tenía antes de luchar para que la Cooperativa avanzara. Pero ahora las cosas no son iguales. La gente va al trabajo por el dinero nada más. Nosotros entramos trabajando por 3.50 pesos. Sin tener almuerzo, ni transporte. Íbamos a pie hasta Sierra Verde, a Italiana… Cuando terminábamos de pilar frijoles en un lado nos pegábamos el telón al hombro y seguíamos para Sierra Verde. En un latón las mujeres pilábamos, porque no podíamos dar mazeta”.

Diversas labores desempeñó La China en el campo, demostrando que para una mujer no hay obstáculos cuando de hacer bien su trabajo se trata. “Arrancábamos boniato también. Recolectábamos todas las frutas que había en la Cooperativa. No dejábamos perder ni la ciruela, ni limones o naranjas, todo lo recogimos y lo vendíamos. Para la playita nos íbamos a vender macetas de anoncillos. Todo para que la Cooperativa avanzara. Pero ya no hay el mismo entusiasmo de antes. Ya no hay entusiasmo por trabajar. Yo me ponía a desyerbar y miraba para atrás y creía que hacía poco. Y todas las mujeres con las que trabajaba eran igual, trabajadoras. Aprovechábamos al máximo el trabajo.
Llegaba el almuerzo y hasta que no terminábamos la meta que teníamos no íbamos a almorzar. Trabajábamos por norma y teníamos que sacar las carreras igual que un hombre.”

“Hay que cogerle el compás a todo y hacer las cosas como son y no hacer chapucerías. Nunca tuvieron que decirnos que teníamos que repasar el campo porque esta mal hecho. Hay que meter la mano en los plantones de caña, sacar bien la hierba y hacer las cosas como son.”

“El primer trabajo que hice fue con Raciel Velázquez. Fue en un platanal, el de Niñito Cuenca, si mal no recuerdo. Cuando yo salí mi cabeza estaba llena de guizasos, porque todo aquello estaba lleno. Luego fuimos para otro platanal y así poco a poco para delante. Yo entré a trabajar con 18 hombre y nunca ningún cooperativista fue grosero conmigo. Siempre con mucho respeto. De mis compañeros no me puedo quejar, siempre me ayudaban. Mi trabajo fue tan bueno que me gané un carro que llegó a la Cooperativa”.

Su vida como cooperativistas la supo llevar a la par junto a su trabajo en la casa y como madre.

“Yo no fallaba un día, ni en el trabajo ni en la casa. Cuando yo llegaba, incluso de noche, me ponía a lavar, a planchar. Cuando aquello la corriente era por planta y hasta que estaba puesta yo estaba lavando. Por la madrugada tendía y a las 5 de la mañana salía para el trabajo y no perdía un día”.

“Mis hijos también me ayudaron mucho. Yo mantuve a esos cuatro hijos con un azadón en la mano. Era difícil, porque luego de una jornada de trabajo tenías que llegar a hacer las cosas de la casa, mantener el orden, cuidar a la familia, pero cuando se trabaja con interés y con amor, todo se puede. Uno siempre puede hacerse el tiempo para llevar las cosas a la par.”

“Yo lo único que no he hecho en esta vida es sal. He arado, he chapeado, he picado caña, de todo… Y aquí estoy todavía”.

Toda una vida dedicada al trabajo en la Cooperativa demuestra que las féminas apoyan y contribuyen a fomentar la cultura de la tierra y el amor por el campo.

“El campo no mata. Sólo hay que saber entenderlo. Dominar las tareas que se tienen y hacerlo con amor. Tener idea y siempre para delante. Las primeras mujeres que trabajamos en la Cooperativa teníamos entusiasmo, trabajábamos hasta la noche. Tarea que nos asignara era una tarea que hacíamos, nunca fallamos”.

Hoy La China goza de grandes historias, orgullos y experiencias, lo cual hace que tenga buenos consejos para las féminas que hoy dedican su vida al trabajo en el campo.

“A ellas les digo que trabajen con amor y aprovechen el tiempo. Hay que trabajar y ser destacados. Para mi ser cooperativistas y haber trabajado en el campo significó mucho, toda mi vida. Cuando yo entré a la Cooperativa, lo que tenía eran cuatro sillitas y entré a trabajar y me hice de todo luchando”.

Los años de dedicación y esmero hacia su trabajo son agradecidos por los que hoy siguen los pasos de Daysi.
“Luego de jubilarme, tampoco he tenido quejas de la Cooperativa, nos ayudan, nos tienen presentes en las actividades y en los productos que ofertan. Cuando necesitamos algo, si está en sus manos también nos brindan su apoyo”.

Todo un ejemplo de mujer consagrada, valiente y dedicada se puede ver en Daysi o La China, como mejor la conocen en su barrio. Hoy, los años ya no le permiten estar en el campo. Al menos no directamente, porque su ejemplo y su guía está en cada fémina que sabe llevar bien el alto el significado de la mujer a nuestros campos cubanos.

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