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Recreación para los niñas y niños en este verano.
Foto:  Karen Rodríguez

El trabajo con niños, su formación, sus descubrimientos, la posibilidad infinita de reacciones que las caras de colores y sabores ofrecen, es el mayor regalo que un educador, padre o espectador posee.

Tuve la oportunidad de asistir a un ensayo de la naciente “Colmena Banense”, un espectáculo que, con apenas pocos encuentros previos, ya resulta extraordinario.

La Casa de Cultura Juan Marinello Vidaurreta cobra vida y el escenario envejecido por el paso del implacable tiempo se renueva bajo las pisadas de un grupo de pequeños abejorros que ya revolotean sobre las incorpóreas flores. Padres y niños acuden dos veces por semana en busca de un sueño ruidoso y complejo, pero tan necesario como mágico.

El compromiso que asumen los organizadores de este proyecto encabezado por Claribel Maga y seguido por un grupo de profesionales de la cultura banense, está acompañado por el esfuerzo de los padres y la entrega de los numerosos niños. De varias edades y tamaños transitan por el tabloncillo de un escenario que se alza más fuerte ante la sola posibilidad de recuperar su propósito.

Durante el ensayo las niñas y niños prestan atención a los instructores y a sus padres.
Foto: Karen Rodríguez

Algunos de los niños están más crecidos por tanto más conscientes, otros asumen la tarea con la diversión y la ingenuidad del juego, unos todavía tímidos claman desde la altura por la aprobación de las madres y entre estas las hay entusiastas, incrédulas, nerviosas y las exigentes, como si en la tarea se fuera la vida.

El hecho es que resulta una fiesta para el espectador menos implicado, ese que como yo solo disfruta de las sonrisas, los graciosos errores, los aciertos y el talento incuestionable que apenas comienza a formarse.

El entusiasmo reina entre los creadores, los pequeños y los adultos, también se siente la tensión y los nervios de todo un equipo donde los protagonistas tienen el don de lo impredecible. Pero entre los pasos torpes y los coros todavía desafinados, se alzan mariposas, cazadores, maniseros, vanvaneros, se come arroz con leche, se zapatea a golpe del “yo no sé”, pero, sobre todo, reina la alegría, la satisfacción de vislumbrar un futuro cercano donde los niños banenses tendrán un sitio de formación artística y crecimiento espiritual.

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