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Ser agradecido te puede cambiar un día, y hasta la vida completa, bien lo sabe el banense Luis Alberto Mondeja Sánchez, más conocido por Betico, como lo conocen cariñosamente en el consejo popular Centro Ciudad Sur, de esta ciudad de Banes.

Es que en la memoria del corazón se guarda muy bien lo que otros realizan sin esperar recompensa y retribución. “Lo más lindo que hay es alguien llegue hasta mi casa y me salude con los buenos días, me ayude en lo que me haga falta y hasta me traiga la comida aquí, hasta mi propio asiento, eso vale mucho y no hay nada en el mundo con lo que se pueda pagar lo que hacen por una persona como yo, que no puede caminar”, así me confesó este hombre sencillo que desde la humildad de su hogar se siente feliz de vivir cada jornada.

Betico es discapacitado, y por su estado de salud recibe los beneficios del Sistema de Atención a la Familia (SAF); todas las mañanas espera a Dennis Diéguez, licenciado en Cultura Física, el cual le lleva sus alimentos. Sobre la labor de este banense solidario que en tiempos de covid-19 cumple con una noble tarea en la comunidad, dice Luis Alberto. “Él viene dos veces y en ocasiones hasta tres, primero pasa para preguntarme cómo me siento, si me hace falta algo y luego va hasta el SAF, mira el menú, me dice lo que hay y después va con las cacharras y me trae el almuerzo, la merienda y la comida. Hasta me barre la casa o me ayuda a arreglar algo que yo no pueda hacer; figúrate, ya estoy viejo y no tengo la fortaleza de antes”.

En tiempos de covid-19, Luis Alberto también recibe la atención de la doctora y enfermera de la familia, quienes se preocupan por su salud. “La doctora pasa todos los días la pesquisa, y también la enfermera; con cariño me preguntan cómo estoy de salud, eso es importante a mi edad, soy vulnerable, pero yo ni quiero pensar en la pandemia, aquí me cuido y me cuidan y yo cumplo con las medidas al pie de la letra”.

Sus ojos se iluminan cuando comenta que todo lo que tiene se lo debe a obra de la Revolución y que las conquistas de esta le permitieron trabajar muchos años en la Asociación Nacional de Limitados Físicos Motores para ayudar a otras personas que, como él, poseen una discapacidad. “Yo vivía como un objeto, esa es la verdad, cuando me tenía que bañar me bañaban; cuando tenía que comer, comía; y si me acostaba, ni siquiera podía hacerlo solo. Nací con las piernas pegadas a los muslos, a la escuela me llevaban en una carretilla, fue muy dura mi niñez, pero un día fueron a mí casa en Cano 4 y me hablaron de que existía la ACLIFIM y me integré a la organización porque necesitaba sentir que era útil. En los años que estuve activo en esta organización aprendí a valerme por mí mismo, conocí a Cuba entera, porque fui a muchos eventos donde las personas como yo luchaban contra las barreras que aún impone la sociedad, y sobre todo, tuve muchos amigos, porque un hombre que no tiene relaciones humanas, que no interactúa con sus semejantes, no es nada”.

Cuando habla de Fidel, su rostro se trastoca con matices en los que la luz parece salir de su propia alma. “Agradecido estoy y estaré mi vida entera a nuestro Comandante en Jefe, gracias a Fidel pude mover las piernas y caminar algo, tengo más de cinco operaciones que no me costaron ni un peso, la creación de ACLIFIM fue también su idea, y quién me iba decir a mí, un guajiro que no podía ni valerse por sí mismo, que estaría en La Habana, en un Congreso de personas que recibían el apoyo de la Revolución; para eso solo existen una palabra: gracias”.

Luis Alberto Mondeja es de esos banenses que sienten muy en su corazón el abrigo de la Patria y que conocen por su propia historia personal que la raíz de todo bien reposa en la tierra de la gratitud.

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