Read Time:2 Minute, 12 Second

Conocí su nombre cuando comencé a pronunciar las primeras palabras, tal vez porque desde pequeña mi papá me contaba sobre su vida. Un hombre que no sentía temor para enfrentarse con toda su fuerza a lo que consideraba incorrecto, que se hizo médico y, sobre todo, que no escatimó en esfuerzos para luchar por el derecho a la libertad de aquellos que la necesitaban.

Esta fue la primera caracterización que hice del Che en la enseñanza primaria, y claro, según pasé a grados superiores, la misma fue cambiando. Entonces se nutrió de acciones en la Sierra Maestra, combates victoriosos y, especialmente, de conocer a profundidad el pensamiento de un hombre que ayudó a escribir páginas imborrables de nuestra Historia.

Ernesto me hacía sonreír al leer sobre sus anécdotas inolvidables, esas que ahora comprendo con claridad porque siento las mismas emociones cuando comparto con mis amigos la cotidianidad. Sin embargo, la primera vez que contemplé sus rasgos físicos con claridad fue en una gigantogragía de esa imagen única que ha trascendido a través del tiempo y que actualmente recorre el mundo entero para encontrarla en los lugares más insospechados, desde una bandera hasta tatuado en un brazo o muy cerca del corazón.

Más que mitificarlo en una fotografía, a pesar de la gran popularidad que posee, me parece más justo con su memoria y con la grandeza con la que guió su propia vida, recordar al guerrillero de la boina con una estrella en la frente no solo como un héroe, sino también como un hombre que puso a un lado sus intereses personales, el abrazo tierno de sus padres, las caricias apasionadas de su esposa y las primeras palabras de sus hijos para regalarle a los pueblos oprimidos el mejor obsequio que se puede recibir y que deja una emoción que convierte en sublime cada letra de la palabra libertad.

La grandeza de un hombre se mide por sus acciones, por esas ideas que hacen posible la transformación, convirtiendo en realidad los sueños de aquellos que luchan hasta el último aliento por un mañana que prometa la igualdad, el respeto y el derecho, pero, sobre todo, vivir en un presente en el que se determine y forje un futuro mejor.

Más que una foto, más que un héroe, a Ernesto, nuestro Che de hoy y de siempre, debe recordársele como un hombre que con humildad infinita, pero con mucho empeño y valentía, sacrificó lo más importante de su propia existencia para mostrarle al mundo la oportunidad de que luchar por los sueños e ideales pueden cambiar el curso de la propia historia.

Foto original tomada por Korda

[ABTM id=2325]

Happy
Happy
0 %
Sad
Sad
0 %
Excited
Excited
0 %
Sleepy
Sleepy
0 %
Angry
Angry
0 %
Surprise
Surprise
0 %

Average Rating

5 Star
0%
4 Star
0%
3 Star
0%
2 Star
0%
1 Star
0%

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

cuatro × 5 =