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Mayra Chaveco Almanza es una mujer sencilla que se caracteriza por su preparación profesional y el amor sin límites por la medicina, porque para ella devolver la visión a sus pacientes es su obra más hermosa como oftalmóloga.

“Me gradué en 1995, hace diez años que hice la especialidad de oftalmología. Escogí esta rama de la medicina porque en mi familia hay una enfermedad hereditaria que se denomina retinosis pigmentaria, mi papá quedó ciego por esta dolencia y decidí hacerme oftalmóloga, para tratar de devolverle la vista a mis pacientes”.

Mucha dulzura y cariño le brinda a quienes acuden a su consulta, en la policlínica Cesar Fornet Fruto, del municipio de Banes, esta doctora que siente como suyo el dolor de sus pacientes.

“Gracias a la oftalmología he aprendido a ser mejor persona, y por ello no la dejo, llevo cuatro años dirigiendo el Hospital Clínico Quirúrgico doctor “Carlos Font Pupo”, en esta ciudad, pero decidí que iba a dar consultas y a operar, que seguiría siendo oftalmóloga, porque esa es mi razón de ser como médico. En este territorio operamos diferentes patologías, como terigium, cataratas, afecciones de párpado y otras, que requieren de horas de estudio y preparación”.

Doctora Mayra Chaveco Almanza. Foto tomada de su perfil de facebook.

La sensibilidad y la vocación por su labor han permitido que la doctora Mayra tuviera la oportunidad, según confiesa, de experimentar el placer inmenso que personas que ya tenían perdido el sentido de la visión lo recobrarán.

“No existen palabras que describan cómo me siento como profesional y, sobre todo, como ser humano, cuando las operaciones tienen éxito, y poder estar en ese momento en el que se retiran las vendas y los rostros de los pacientes se iluminan cuando ven; esa es un instante único que se recuerda siempre mientras uno viva. A nuestras consultas llegan pacientes que llevan mucho tiempo con la vista dañada y cuando se van restablecidos es el mejor logro que como profesional obtengo. En Banes somos cuatro oftalmólogos que brindamos el servicio en las policlínicas, es una consulta a la que acuden muchos pacientes de diferentes edades, y vienen con la esperanza de encontrar una solución; algunos resuelven mejorar su calidad de vida con lentes o espejuelos; otros necesitan de operación, pero siempre todos los que llevamos a cabo este trabajo tratamos de dar lo mejor para que quienes acuden a nosotros puedan marcharse restablecidos”.

Esta mujer consagrada a su profesión tuvo la oportunidad, en tres ocasiones, de brindar sus conocimientos fuera de nuestras fronteras. Sobre sus experiencias en estas misiones internacionalistas refiere que “la primera misión fue en Honduras, la segunda en Bolivia y la tercera en Venezuela; de esos momentos tengo recuerdos inolvidables que me permitieron crecer como profesional y como persona. Estar lejos de Cuba y la familia es difícil, pero cuando ayudas a aliviar a alguien con tu trabajo la distancia se acorta porque recibes el cariño y agradecimiento de quienes nunca más pensaron ver. En estas misiones atendí a pacientes de esos países, así como otros de diferentes nacionalidades que acudían a recibir los servicios de salud de los médicos cubanos. Allí pude ver claramente las diferencias en las clases sociales y cómo se debe pagar por recibir una consulta, y más si es de un especialista, por eso considero que los cubanos debemos ser agradecidos por lo que recibimos y por lo que la Revolución ha hecho posible para que el pueblo pueda tener una salud pública gratuita. La Misión Milagro realmente hacía gala de su nombre, y de ella atesoro recuerdos maravillosos, de lo que logramos en esos países y, especialmente, de la acogida que recibíamos los cubanos cuando llegamos allí”.

El apoyo de su familia siempre es indispensable en su quehacer diario, porque en reiteradas ocasiones sale de su hogar con los primeros rayos del sol y llega con los últimos. “Gracias a la comprensión de mis seres queridos hoy puedo desarrollarme como profesional, asumir como mujer la dirección de un hospital como el Clínico Quirúrgico; seguir ejerciendo mi especialidad como oftalmóloga es en gran parte por el sacrificio de mi familia, la cual me ayuda en cada meta que me propongo cumplir. La oftalmología y la medicina son mi vida, no me imagino en otro trabajo o especialidad que no sea esta. Si volviera a ser médico, sin dudas volvería ser oftalmóloga, porque lo siento desde el corazón”.

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