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“Soy de mis pacientes, casi más que de mi familia, porque me debo a mi trabajo y con este me siento feliz, pues para mí ser médico es realizar bien la obra de la vida.” Estas fueron las primeras palabras de la doctora Raquel Remedios Medina aquella mañana lluviosa cuando la encontré en el consultorio 55 del consejo popular Centro Ciudad Sur, en el municipio de Banes.

Allí pude constatar que hace realidad a diario con su labor esta afirmación, cuando con una sonrisa y un gesto cariñoso también alivia el dolor de quienes necesitan sus cuidados.

Raquel, o Raque, como la llaman con ternura sus pacientes, es una mujer sencilla que se sonroja con solo pensar que será entrevistada, pero que se emociona cuando debe hablar de su mayor pasión, la medicina, porque ella sabe que cada día se vuelve protagonista de vivencias únicas que le permiten crear su propia historia, en la que dedica cada minuto a sanar dolencias ajenas como si fueran propias.

La doctora Raquel Remedios Medina es un ejemplo de consagración y amor a su trabajo. Fotos de la autora.

“El médico que de verdad siente su profesión desde el corazón, me atrevo a asegurar que no deja de pensar en los diagnósticos de sus pacientes ni en el calor del hogar y, cuando se le presenta un caso difícil, o sabe que esa persona seguirá con la salud deteriorada, no lo olvida y busca, consulta con especialistas e investiga, porque muchos dicen que los médicos nunca dejamos de estudiar y es muy cierto”.

Los recuerdos fueron guiando el curso de la conversación y así, poco a poco, con su voz pausada y los ojos humedecidos, refirió: “cursé mis estudios universitarios en la Facultad de Ciencias Médicas de la provincia de Holguín por un período de seis años, una etapa inolvidable que me formó no solo como profesional, sino también como una mejor persona, pues la carrera de medicina requiere de mucha consagración y esfuerzo. pero sobre todo de amor y vocación, ya que demanda de largas jornadas de estudio y muchas horas de desvelo.”

“Me gradué el 13 de agosto del año 2002, momento muy especial para mí e inolvidable, ya que nuestro contingente tuvo el honor de contar ese día con la presencia del Líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro, y fue entonces que se abrieron las puertas para recorrer un largo camino en el bello mundo de la medicina.”

“A partir de ese momento cambio mi vida, y más aún cuando realice la familiarización F1-F2, denominación que recibían los dos años del servicio social, el que pase en una zona rural en el municipio de Cueto. De esos primeros pasos guardo experiencias maravillosas que me mostraron el verdadero valor de mi profesión. Luego me trasladé hacia este municipio y realizo la especialidad de Medicina General Integral en un período de tres años”.

Cuántos sentimientos encontrados se mezclan con su voz, y tal parece que la doctora Raquel Remedios en cada palabra reviviera cada uno de estos instantes, porque la emoción se ha apoderado de esta mujer que, como diría el escritor Paulo Coello, no teme hacer realidad su leyenda personal y quizás por ello el universo se atrevió a conspirar para volver realidad su sueño.

“Hoy puedo decir que me siento feliz de la profesión que escogí, tengo 17 años de experiencia laboral, tiempo en el cual siempre he trabajado en la Atención Primaria de Salud y, sinceramente, debo confesar que la amo, porque me permite interactuar más con la comunidad. Hace trece años que vivo en este consultorio médico, en el cual, por mi permanencia en el área, atiendo a los pacientes en cualquier horario. Puedo decir que siempre estoy de guardia, porque cuando me necesitan siempre estoy dispuesta a ayudarlos, porque los pobladores no son solo mis pacientes, son mis amigos, mis vecinos más cercanos, forman parte de mi familia”.

Cuando la paciencia, el cariño y ese amor sin límites por la medicina caracterizan a una mujer como la doctora Raquel Remedios, logran que su simple mirada le brinde seguridad a una madre que necesita de atención médica para su pequeño, a una embarazada que recibe los cuidados en su período de gestación o hasta un poco de vitalidad para alargar los años de los adultos mayores, demuestran que ser médico es también realizar bien la obra de la vida.

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