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Delvio Ramírez Lan es un hombre sencillo que vive del esfuerzo de sus manos, de esos que se levantan de madrugada para obtener frutos desde el surco en un lugar especial que le da la bienvenida a quien llega o se va de esta ciudad de Banes, el organopónico Pedro Luis Pérez Almaguer, en el hogar de ancianos del mismo nombre. “Me gusta mi trabajo, primero porque me siento útil para la sociedad, pero sobre todo porque este lugar cumple con una importante tarea en la alimentación del pueblo, además de brindarle vegetales y hortalizas a instituciones que las necesitan para las dietas de personas enfermas y de los niños, como son los dos hospitales del municipio, la Casa de Abuelos, el Hogar de Ancianos y los círculos infantiles”.

El trabajo en la tierra no es tarea fácil y para realizarlo es indispensable la consagración diaria. “Debo confesar que los primeros días fueron duros de verdad, ya tenía alguna experiencia en estos trabajos, pero nunca me había dedicado de lleno y me costó, eso si es verdad, adaptarme. Muchas veces pensé en renunciar; sin embargo, cuando comencé a ver germinar las semillas y que todo estaba sembrado, me dije Delvio aquí te quedas hasta que te alcancen las fuerzas, y ya llevó un montón de años. No se me olvida el primer día, cuando hice los trámites para comenzar aquí, en la casa me miraron con cara de que ese es un trabajo de unos días, pero saben ahora que esa ha sido una de mis mejores elecciones”.

Delio Ramírez Lan mantiene productivo su organopónico. Fotos de la autora.

En este organopónico se siembran una gran variedad de cultivos que pasan por las manos de este hombre que ya casi se ha convertido en un experto para la selección de las semillas y mejores plantas. “A mí me gusta que las matas crezcan vigorosas y fuertes, y por eso le dedicamos mucho tiempo a la preparación de la tierra y a la búsqueda de buenas semillas, pero realmente lo que más me atrae es sembrar lechugas, además de que tiene una gran demanda en las ventas, se ven tan lindas en los canteros, todo verdecito, y ese color me emociona, me entra una alegría así en el alma, porque se que ven bien y tenemos buenos resultados”.

Su labor como obrero agrícola hace que Delvio sea un hombre feliz y así lo denota su mirada, reflejo de satisfacción, cuando comenta sobre los beneficios que obtiene de la tierra. “Para mí, lo más grande es ver como crecen las plantas, saber que eso fue una semillita y que ahora está dando frutos, eso es lo mejor, y más cuando sabes que eso es gracias a lo que tú hiciste, y piensas en cuántas familias reciben con agrado todo lo que ofertamos, con eso no hay nada que se compare… Cada trabajo tiene su encanto, y el mío estoy seguro que lo tiene. Sé que a algunos jóvenes no le gusta, y hasta pegan el grito en el cielo cuando le hablan de tierra y azadón, pero oiga, que lo intenten, es duro, pero es bueno, porque de aquí sale todo”.

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