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Hace menos de dos años conocí un lugar especial que marcó el inicio de tropiezos, esfuerzo, sacrificio, pero sobre todo de utilidad, y quizás son estas las razones por la que sabía que a mí regreso a la finca Dos Palmas, ubicada a la entrada de la ciudad de Banes, me sorprendería y otra vez lograría estremecerme ante un sueño que cada jornada se convierte en realidad. Y allí, como en la anterior ocasión, encontré a su protagonista, Yoel Montero García, con azadón en mano y el corazón cargado de un manojo de esperanzas.

“Soy usufructuario, pertenezco a la Cooperativa de Créditos y Servicios José Antonio Echeverría, fui beneficiado con dos hectáreas de tierra, las que dedico a la siembra de cultivos varios; ahora tengo sembrado granos, maíz y otros vegetales, además de una parte del terreno que tengo preparada para plantar flores, principalmente la azucena y otras plantas ornamentales como los cactus de diferentes especies y otras de múltiples variedades, las que pensamos comercializar tanto con instituciones del municipio como expenderlas a la población”.

Dos Palmas, la finca agroecológica de Joel Montero, un ejemplo de la utilización de técnicas amigables con el medio ambiente. Fotos de la autora.

Yoel cambió los borradores y tizas por el arado, pero aún recuerda muy de cerca sus días en el magisterio, y es por ello que demuestra a diario, como diría Martí, que “debiera exigirse a cada hombre, como título a gozar de derechos públicos, que hubiera plantado cierto número de árboles”, lo cual hace realidad cuando afirma que tienen un área boscosa que se nutre en gran medida “de la labor que realizan Los Pinos Nuevos, estudiantes de la universidad que me ayudan a fortalecer el pequeño bosque martiano con árboles de maderas preciosas y frutales, muchas de las cuales el Apóstol describe en sus diarios. La crianza de animales también me apasiona y aquí tenemos muchos, como gallinas, patos, chivos, conejos, cerdos y otros, los que destinamos al autoconsumo familiar, pero en el futuro quisiera extender su venta al pueblo”.

La fuerza con la que se tracen las metas logra que estás se realicen en el menor tiempo posible. Al respecto, nos dice Joel: “mi más grande sueño con Dos Palmas era convertirla en una finca agroecológica, un lugar donde todo creciera de forma natural sin necesidad de usar productos químicos. Eso lleva mucho trabajo y consagración, pero el resultado es satisfactorio porque han comenzado a germinar plantas nuevas, algunas hasta desconocidas para mí, la vegetación ha comenzado a cambiar, los cultivos son más vigorosos, las frutas, los frijoles, las viandas, todo tiene otro gusto, es más dulce, el no uso de químicos hace que todo sea más sano”.

La mirada de este campesino es de esas en las que se refleja la perseverancia y el amor sin límites por la tierra. “Mucho tuve que aprender, preguntar y estudiar para lograr encaminarme hacia la agroecología, pero ya poco a poco se ven los resultados, y ahora imparto capacitaciones, con la ayuda de especialistas, a otros campesinos para que se inserten en este proyecto de lograr fincas agroecológicas y demostrar que sí podemos producir con mayor calidad. Esta labor te permite muchas satisfacciones, y más cuando vez el fruto de tu trabajo, pero también cuando vienen tantas personas interesadas en conocer cómo lograr cosechar productos de esta manera y vienen una primera vez, y una segunda, y así sucesivamente, hasta que incluso muchos lo intentan desde el patio de su casa, y esto te da una sensación de utilidad que realmente te emociona, porque no son solo los campesinos, aquí vienen profesionales de muchas ramas, incluso pioneros, porque tenemos círculos de interés sobre estos temas, lo cual permite que te enamores más y le pongas más ganas a lo que realizas”.

Joel Montero es un hombre trabajador y perseverante, todo un referente en el uso de la agroecología en Banes. Foto de la autora.

El optimismo y la constancia demuestran que no existe nada imposible, y lo que una vez fueron tierras ociosas hoy se convierten en un sitio de referencia donde se produce, se crea y se alimentan esperanzas. “Quisiera lograr que esta finca fuera un espacio en el que se pudiera hacer un recorrido y admirar las bellezas que la naturaleza pone en nuestras manos y de cómo los campesinos cubanos hacemos producir la tierra y lograr soberanía alimentaria.

Cuando me despido de este lugar, nuevamente siento que pronto volveré, y me sorprenderán lo nuevo y cambio, porque cuando la esperanza se nutre del trabajo diario permite que Dos Palmas sea siempre la continuidad de un sueño.

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