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Doctor Omar Tamayo Gallardo, cooperante banense de la salud de en Santa Lucía.

Sin necesidad de aperturas sicilianas ni suertes echadas, inicia la partida. Es difícil, el adversario esta vez es muy fuerte, se mueve con rapidez y extiende los dominios a sus anchas, convirtiendo a todos en vulnerables. Pero quien usa el blanco en la pureza de sus batas le da batalla, porque sabe de jugadas que se nutren del conocimiento, el humanismo y la solidaridad.

Cada minuto que pasan entre pacientes con respiradores artificiales, mascarillas de oxígeno y otros que solo tosen, pero son positivos a la Covid-19, hacen la diferencia. Ejemplo de ello es la labor del banense Omar Tamayo Gallardo, joven especialista en primer grado en Medicina General Integral (MGI), integrante de la Brigada Henry Reeve que, desde Santa Lucía, una isla del Caribe, ha cambiado su nombre por el de Cuba, y al ajedrez por la vida y la esperanza.

“Desde el pasado mes de marzo fui uno de los médicos escogidos para el llamado que se hizo con el personal de Salud Pública para dar nuestra disposición para enfrentar el coronavirus en aquellas naciones que nos necesitaran, no lo dude dos veces, dije sí desde el primer momento. Debo confesar que estaba ansioso de ser partícipe de esta obra maravillosa de la Revolución, de llevar la salud fuera de nuestras fronteras donde podíamos ayudar a enfrentar esta enfermedad que cobra tantas vidas y que ha paralizado la economía mundial. Cuando se realizó la colaboración médica para enfrentar el ébola también estaba dispuesto, pero llevaba solo poco tiempo de graduado, ahora es el momento de cumplir con esta labor y brindar mi aporte y conocimientos”.

No importa si las primeras casillas están cerca de sus comienzos, en la cuna que los vio nacer o si pertenecen a los confines del tablero, allá donde es más lejos y no cuentan con la fuerza de sus caballos, la seguridad de sus torres o el calor y protección de sus reinas, en la distancia también se recibe el apoyo de su pueblo y familia.

Marilyn Gallardo, madre de este colaborador médico, expresa que siempre “le decimos que se cuide, que tome las medidas, que se proteja para que regrese a nosotros. De los hijos se extraña todo, él siempre estaba para nosotros, nos llamaba cuando no venía a la casa, es incondicional con su niña Emily en todo. Lo que más deseo es ese abrazo cuando vuelva a casa con el deber cumplido”.   

Osmar y Marilyn,padres de Omar. Foto de la autora.

Osmar Tamayo, padre de este cubano altruista, dice que “gracias a la Revolución mi hijo es médico, por ello el dio este paso al frente para poner en alto el nombre de nuestro país y la valía de la medicina cubana. Estoy lleno de regocijo porque sé que está defendiendo su profesión porque el está muy preparado para enfrentarse a este nuevo coronavirus, y sé que lo hará bien y volverá sano y salvo a su hogar”.

Elizabeth Santiesteban, esposa de este valiente, manifiesta que para ella “es un orgullo, como médico que soy, y como esposa, que él esté cumpliendo con esta colaboración médica. Él, como todos sus compañeros, es un verdadero héroe, por eso me sumo al aplauso del pueblo junto a nuestra pequeña Emily. Sé a lo que se enfrenta, por eso siempre que hablamos le doy fuerzas y estoy segura que concluirá esta misión bien y que regresará a nosotras, que lo estamos esperando con miles de caricias y abrazos”.  

A entregar el corazón para salvar la humanidad se va con una armadura especial, compuesta por nasobuco, guantes y medicinas, pero sobre todo con amor, sensibilidad y humanismo, como bien lo sabe Omar. “Realmente impactante cuando uno llega aquí y está en contacto con un paciente positivo, es totalmente diferente al sistema de salud en nuestro país. Aquí el enfoque de la salud es un poco alejado a lo que vivimos en Cuba, pero nos hemos insertado con los médicos de aquí y logramos un buen trabajo en equipo. En estos momentos me encuentro ejerciendo en el Hospital Victoria, que era el anterior Hospital Nacional, que fue acondicionado para atender las enfermedades respiratorias emergentes, como este nuevo coronavirus. Estoy atendiendo dos salas de respiratorio, además de las emergencias y la sala con pacientes positivos a la Covid-19. Es muy difícil atender tanta población cuando solo somos dos por turnos de 24 horas, que muchas veces se convierten en 48 y hasta más. Es muy compleja porque se deben tomar las medidas de seguridad y se tienen estratificado cada paciente. Pero a pesar de ello me siento con fuerzas y mi familia también desde Cuba me apoya mucho, me siento preparado para cumplir con esta misión, porque esto es para lo que estudié y en estos momentos es cuando se debe cumplir con el deber de brindar solidaridad y altruismo”.

Elizabeth, esposa de Omar, y Emily, hija de ambos.

Las acciones diarias de nuestros médicos demuestran que los movimientos que los poderosos alfiles no han hecho, lo hacen aquellos que pertenecen a una isla pequeña, pero a la vez gigante, que se multiplica en cada acción, en cada gesto de su pueblo, que no teme brindarle puerto seguro a quienes en alta mar pedían que no dejaran sus ilusiones de regresar a casa a la deriva, que cuida con recelo a quienes en los hogares peinan cabellos plateados, que desde un televisor logra que la futura generación reciba la luz de la enseñanza, y que en los campos las manos se fundan con la tierra para que de esa unión germinen los alimentos.

Ahora las piezas blancas llevan la delantera. Se pesquisa, se aísla a aquellos de quien se sospecha. El aislamiento social, los saludos con la mirada y las sonrisas escondidas tras mascarillas muestran una realidad que parece pura ficción, pues nunca nadie pensó que el año 2020 viniera con la cruz de una pandemia.

Ahora, un filtro en cada hogar o centro laboral recibe las visitas, el lavado de las manos a ratos es parte de lo cotidiano, todo se va convirtiendo en parte de esta lucha diaria, de experiencias que se acumulan con lo ocurrido en China, donde este coronavirus recibió los primeros jaques.

Omar, un valiente de estos tiempos

 La fuerza de quienes llevan las piezas blancas, como el médico banense Omar Tamayo Gallardo y sus compañeros de batalla, ganarán la partida, porque el sistema de salud cubano es sólido, la preparación y el desvelo caracterizan a este personal. Sin embargo, la victoria definitiva está en la percepción del riesgo de todos, en la conciencia de cada cual, porque si de algo podemos estar seguros es que el accionar correcto de cada individuo permitirá el jaque mate a la Covid-19.

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