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La necesidad de los abrazos, besos y apretones de manos ha aumentado en estos días, es difícil estar quietos, no salir a la calle a conversar con los vecinos o saludar a los amigos con la naturalidad de siempre, porque los cubanos simplemente somos así desde la cuna, el calor propio de nuestro país tropical es también característica de la forma de ser de sus hijos. Pero en estos tiempos de coronavirus, aunque se esconda la sonrisa tras una mascarilla, queda la mirada desnuda como espejo del alma para mostrarnos muchas otras formas de trasmitir nuestros sentimientos.

Es en estos momentos en los que la solidaridad, la prevención y el amor se juntan para unir a las personas, aunque estén a distancia. Los pensamientos son muchos, porque en la mente está el abuelito de la esquina que vive solo, la embarazada que ya está casi a término, el bebe de la vecina que nos desvela en las noches con su llanto, los pioneros y estudiantes que se extrañan en tantas semanas de ausencia de su ir venir camino a los centros escolares y aquellos que son de los nuestros, pero que ahora están lejos.

Sin embargo, a pesar de todo lo que significa esta pandemia a nivel mundial y la tristeza que deja a su paso por el planeta, existe algo que no se le puede reprochar, y es que el aislamiento social impuesto por la Covid-19 rompió con la cotidianidad de un quehacer diario que impedía disfrutar de pequeñas cosas que hoy y siempre originan grandes diferencias. Quedarse en casa permite una pausa necesaria para dedicarle más horas a la familia y fortalecer ese vínculo que va más allá de integrar un núcleo en las libretas de abastecimientos.

Este tiempo en el hogar es provechoso para sorprender a quienes nos rodean con el diseño de nuevos menús en las comidas, leer aquel libro que tenías guardado, descubrir al poeta que tienes dentro, sembrar un árbol, verduras en el patio, organizar el armario y hasta poner un clavo en aquel estante que tanta falta le hacía, y así pudiera llenar cuartillas porque opciones para pasar el rato existen tantas como la propia imaginación e inventiva posibiliten.

Pero no hay nada comparado con un café acompañado de las sonrisas de los que ya suman años, hacer un dibujo con los peques, ser partícipes de sus juegos, saltar la suiza, irse de aventuras en el patio con Dora la exploradora, o hablar de temas serios como ecuaciones, interpretación de textos u orden cronológico de hechos. Es este, aquel instante que no tenías para analizar a solas qué hacer para educar de mejor forma a los infantes, para brindarle apoyo y no darle la espalda a las situaciones de tu muchacha o muchacho que ya es adolescente, para buscar otras actividades en las que también se sientan útiles los de mayor edad, tratemos de que la permanencia en la vivienda signifique ganar terreno en la batalla contra el nuevo coronavirus.

El presente impone soñar y hacer realidad un futuro mejor. Cada acción es determinante y para enfrentar esta enfermedad aliada de la muerte, primero es indispensable respetar la vida, cumplir con lo establecido por las autoridades de salud, tomar las medidas higiénicas y sanitarias, pero, sobre todo, con el cuidado que nos debemos a nosotros mismos y a los demás, porque todos somos parte de cada pieza única que integra el engranaje perfecto que refleja la cara opuesta de la Covid-19.

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