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La covid-19 nos ha puesto a prueba a todos, porque este es un tiempo difícil, pero también de crecer y dar lo mejor de sí, y bien lo sabe la doctora Clara Isabel Cuevas Díaz, que desde la Zona Roja, en el Centro de Aislamiento del motel Oasis, en esta ciudad de Banes, se enfrenta a esta enfermedad.

“Cuando la directora del área de salud donde trabajo, en el consejo popular de Cañadón, me llamó para proponerme esta misión, no dudé y le dije que contara conmigo, es que ser médico cubano es ser humano ante todo, y sentir nuestro el dolor de los otros, no podía darle la espalda a los míos en mi propia tierra, eso nunca”.

La labor en la Zona Roja es compleja y no permite equivocaciones, sobre ello refiere Clara: “Tenemos turnos de 24 horas para descansar 72; ahora la instalación esta a plena capacidad. Aquí usamos todos los medios de protección necesarios para evitar el contagio. Tengo a mi cargo 52 pacientes que son contactos directos de casos confirmados, entre ellos un lactante y una anciana, que son parte de los grupos vulnerables. Realizamos el pase de visita, la enfermera y yo, a todas las habitaciones y tratamos no solo de brindarle una buena atención médica, sino también darle apoyo psicológico, porque este es un momento duro para ellos y su familia”.

Clara Isabel es una mujer de esas que tiene luz en la mirada y que se estremece al hablar de su profesión: “La medicina es solidaridad, esta no es mi única experiencia con la covid-19, recientemente regresé de una misión en Venezuela y allí atendí a muchos pacientes en la Zona Roja. La realidad cubana y venezolana es muy diferente, aunque allí se potencia mucho el tema de la salud con los colaboradores cubanos, nunca se puede comparar con Cuba. Cuando uno visita otros países nos percatamos de lo que tenemos y cuánto debemos agradecerle a la Revolución y a Fidel Castro, ese hombre que hizo tanto por nuestro pueblo y por el de otras naciones”.

Cada palabra de esta doctora se refuerza con sus acciones diarias, pero sobre todo con el apoyo de su familia. “Pienso en los míos, y entonces siento que cada paciente es también un ser querido y esto me da fuerzas para continuar. La covid-19 puede provocar la muerte, esto no es un juego por eso siempre que puedo le digo a todos que quedarse en casa no es sinónimo de fragilidad, sino de prevención. Los niños, que no jueguen en la calle ni estén sin nasobuco, no es tiempo de olvidarse de los hijos por un instante, porque en un segundo puedes contagiarte; los ancianos, todos debemos tener presente que esta pandemia que afecta al mundo no tiene rostro y puede estar en cualquier parte, por tal razón hay que cuidarse, es lo único que pido como médico y como cubana”.

La verdadera grandeza se mide por las acciones, y en momentos como este, cuando el mundo enfrenta esta pandemia, nuestros profesionales de la salud, tanto en Cuba como fuera de nuestras fronteras, se convierten en verdaderos ángeles de batas blancas.

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