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Mucha grandeza encierra ser médico cubano, y es que la unión de estos vocablos son sinónimos de sensibilidad humana, altruismo y dedicación. Así lo demuestran a diario nuestros profesionales de batas blancas, tanto en el país como fuera este. En el municipio de Banes, por ejemplo, existen muchos guardianes de la vida que desde su quehacer en las diferentes áreas de salud brindan esperanza, y, sobre todo, salvan. La doctora Mileydis Quintero Estévez, especialista en medicina general integral y psiquiatra infantil, es uno de estos nobles ángeles de alas blancas.

“Cuando me gradué hice mis dos años de servicio social en el área rural de Los Ángeles, en el consultorio de la comunidad de La Juba, un lugar de difícil acceso con una población pequeña, pero con múltiples enfermedades. Esta fue una experiencia que me permitió crecer en muchos aspectos, tanto en lo profesional como en lo personal, porque me enfrentó a muchos casos con diagnósticos complejos. Luego comencé a hacer la residencia en MGI en la policlínica integral “Darío Calzadilla”; en esta institución tuve la oportunidad de trabajar en diferentes consultorios, tanto en consejos populares urbanos como rurales”.

Pero como Cuba salva, tanto en el calor de la isla como fuera de nuestras fronteras, esta cubana también encontró otros mundos que curar. “Cumplí misión internacionalista en la hermana República Bolivariana de Venezuela, donde pasé tres años y culminé mi especialidad de MGI. En esta nación conocí realmente lo que era la falta de atención médica para un pueblo. Pasamos situaciones de todo tipo cruzando el río Apure, y cuando llegábamos al otro lado había personas esperando horas para recibir la atención médica. Allí un día, por primera vez, lloré; lloré mucho, porque cuando llegamos al otro lado del río para realizar las consultas había una madre esperándonos con un niño de tres meses que hacía alrededor de seis horas había muerto, y para nosotros, que estábamos acostumbrados en Cuba tener una atención diferente, en la que no ocurren hechos así, no entendíamos como a esa señora se le había deshidratado el bebé y no había podido llegar a los servicios de salud.”

“En Venezuela también realicé una Maestría de atención integral al niño, y regresé en el 2007 con tres años de misión cumplida. Luego, paso a ocupar la dirección del Hogar de Ancianos, ya que en la misión había tenido experiencias de dirección y se me solicita prestar los servicios a este nivel. Después de seis meses paso al Hospital Clínico-Quirúrgico y trabajo en cargos de dirección como vicedirectora facultativa hasta la llegada de mi hijo, período en el que me traslado al Sectorial de Salud y atiendo la Asistencia Médica. Al incorporarme de la licencia de maternidad trabajé como directora del Hospital Materno-Infantil y allí estuve durante un año, y después de este tiempo realizo mi especialidad en psiquiatría infanto-juvenil, que es lo que ejerzo actualmente”.

Con una palabra de cariño y comprensión, escuchando los problemas de los otros, de aquellos que son pequeños de edad, pero grandes de corazón, es también una forma de aliviar el dolor, y bien lo sabe en cada jornada la doctora Mileydis. “Llevo cinco años como psiquiatra infantil, tarea bastante compleja, pero muy linda, porque demanda mucho de la sensibilidad humana. Desarrollamos muchas actividades no solo a nivel de consulta, sino también otras relacionadas con la Casa de Orientación a la Mujer y a la Familia, en las escuelas especiales, en el Centro de Orientación y Diagnóstico y en las diferentes enseñanzas de la educación cuando necesitan de nuestra intervención. Además, trabajamos en otras áreas rurales como Cañadón, la cual se visita una vez al mes”.

La medicina logra que en el corazón de quien ejerce esta profesión quede sembrado de recuerdos de sus diagnósticos más difíciles. “Como psiquiatra, son muchos las situaciones que me han tocado el alma, es una especialidad que me ha permitido aprender, tanto en lo profesional como ser humano, porque demanda mucho amor y comprensión; es por ello que el mejor consejo que podría darles es que escuchen a sus hijos, porque escuchar es la mejor forma de ayudarlos”.

Siempre habrá un sueño que hacer realidad, una vida que salvar, una historia en las que escribir nuevas páginas de esperanzas, es por ello que la doctora Mileydis Quintero Estévez, junto a todos nuestros profesionales de la salud, cada jornada se convierten en eternos salvadores de alas blancas.

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