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“Ser médico no tiene recompensa material. Si te vieras cansado por el día a día, y te vieras pagado por la sonrisa de una madre, o con aliviar el dolor de aquel que padece, es entonces que te puedes llamar médico, porque el mejor reconocimiento no es el que te dan las personas, sino esos momentos que dejan una huella en ti y te permiten dormir tranquila, con el deber cumplido.” Así refiere Yanet Hernández Mojarrieta, especialista en primer grado en neonatología en el Hospital Materno-Infantil Doctor Luis Mario Cruz Cruz, en el municipio de Banes. Y es que la medicina, según esta joven doctora, la enamora a diario y la hace crecer tanto en lo profesional como en valores humanos.

“El trabajo del neonatólogo es difícil, demanda de mucho amor y hasta me atrevería a asegurar que el doble de muchas otras especialidades, porque nuestra labor es directamente con el fruto de una concepción que una familia espera desde hace nueve meses, y es necesario tener mucha entrega y sentido de pertenencia. Nosotros no dormimos casi, y cuando lo hacemos, son escasos minutos, porque incluso en la casa conectados con el bebé que dejamos en la sala o en un servicio cerrado. Muchas veces hasta nos viene a la mente a aquella gestante que dejamos con dolores porque su parto puede ser complicado y su bebé estar deprimido. La neonatología es muy importante, necesita de mucha dedicación y, sobre todo, amor por lo que haces”.

Quizás fue el curso de su propia vida, o el destino, quienes le mostraron a Yanet que su verdadera vocación estaba en el cuidado de los recién nacidos, en esos pequeños luchadores que quieren dar y recibir el amor de sus progenitores. “Yo nunca pensé en ser neonatóloga, había sido alumna ayudante de medicina interna, cardiología, hice un diplomado en terapia intensiva de adultos y por eso cumplí misión internacionalista. Desde niña siempre dije que iba a ser doctora, y por eso aquí estoy, años después, siendo neonatóloga. Me gustan las otras especialidades, la medicina es hermosa en toda su extensión, pero no cambio a mí niño por nada. Es que los bebés son increíbles, son pequeñitos, no saben hablar ni decir qué les duele, pero demandan tanto de ti, y la vez son agradecidos con todo el esfuerzo que realizamos que ese es para mí un motivo de regocijo”.

La neonatología es una especialidad que exige mucha entrega y amor. Fotos de la autora.

En su experiencia, que no es para nada corta, esta mujer ha besado con su mirada tierna cientos de infantes que le han permitido obtener, según dice ella, los mejores premios: “ver un niño recuperado, las sonrisas tanto de mamá como de papá, que alcancen el peso, porque muchos nacen bajo peso por la prematuridad u otros factores, son los mejores regalos que puedo recibir”.

Yanet es una muchacha sencilla, que se emociona cuando habla de su profesión. Con su lenguaje corporal y su mirada refleja que siente muy en su corazón la importancia y utilidad de su quehacer diario. “Anécdotas son muchas, personas que se impacientan, otras que no entienden que todo cuidado es vital para el correcto desarrollo de los niños y niñas, pero siempre con mucha paciencia, comprensión y cariño los hacemos entrar en razón. Es muy importante para esta especialidad la conversación y charlas con las familias porque el trabajo en estos servicios son cinco días máximos, pero en el hogar es para toda la vida, y todos necesitan apoyo y aclarar muchas dudas. Nosotros también tratamos de educar para que conozcan más sobre los significados del llanto y así lograr que se eliminen los silencios, cuando con lágrimas tratan de comunicarse, y eso es lo hermoso de lo que hacemos”.

Existen infinidad de vocablos para describir la labor de Yanet Hernández Mojarrieta; sin embargo, solo de esa larga lista, el significado de neonatóloga los resume todo.

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