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La pesquisa en busca de síntomas respiratorios es una tarea fundamental contra la Covid-19, y en esta labor, los jóvenes cubanos desempeñan un importante papel. Foto de la autora.

“La juventud está perdida”, escuché de un vecino ya entrado en años al hacer referencia a un grupo de jóvenes que demostraban efusivamente su alegría al salir de un centro recreativo hace ya algún tiempo. En ese momento no pude menos que demostrar mi desacuerdo y en defensa de aquellos que reían y contaban chistes, en una manifestación de entusiasmo propia de su edad.

Interpuse en su defensa que un día este hombre que ya peina canas tendría la oportunidad de cambiar de parecer, y este momento llego mucho antes de lo que yo misma esperaba.  Aquellos jóvenes son los que salen a las calles cada mañana armados de mucha voluntad a detectar el más mínimo signo de la aparición de la COVID 19 a través de las pesquisas que realizan casa a casa. Son ellos los que aconsejan sobre cómo actuar ante esta pandemia que puede tener un desenlace fatal, y en seguir sus orientaciones puede estar la diferencia entre la vida y la muerte en personas de la tercera edad, grupo de alto riesgo al que pertenece mi vecino.

Estudiantes de medicina de Banes, un baluarte del Ejército de Batas Blancas de nuestro país. Foto: FEU Banes.

Son en buena parte jóvenes, los cuales, despojados de miedos, están en la primera línea de defensa en consultorios, hospitales y otras instituciones de salud para que el virus no propague su mortífera carga, o luchan contra la enfermedad en otras latitudes sin importar idioma ni rasa a riesgo de contraerla o, sencillamente, atienden en este preciso instante a muchos abuelos para que no salgan a las calles.

A la archiconocida frase se impone otra con más sentido común: la juventud se parece más a su tiempo que a sus padres, y precisamente ahora le ha llegado el tiempo a estos muchachos que han demostrado en buena lid cuánta solidaridad hay guardada en sus escasos años y cuánto pueden hacer para que esta sociedad siga adelante.

Confieso que no soy una persona con instintos de venganza, pero disfruto esa imagen que me brindan de vez en vez dos estudiantes de medicina que no superan los 19 años charlando con mi vecino, quien ya para estas alturas se ha retractado y aprendido la lección de que esta juventud, lejos de estar perdida, tiene mucho que enseñar.

La solidaridad también es continuidad entre los jóvenes cubanos

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