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Una cita con Los Ángeles te permite conocer del quehacer de su gente, de las medidas que toman para evitar el contagio con la covid-19 y, sobre todo, de cómo trabajan para apoyar el desarrollo de la economía del país.

Este es un pueblito pequeño en el que todos se conocen y dan la sensación de que se vive como en una gran familia. Entonces la enigmática loma de El Lavadero te da la bienvenida, y los pinos que están a sus lados te susurran los secretos de quienes la hemos subido y bajado en muchas ocasiones.

Luego te encuentras con una forma productiva en la que no faltan los granos, las viandas y hasta con una mini-industria, “La Angelita”, en la que existe una gran variedad de condimentos y aliños que, como dice Rosalba, una de sus trabajadoras, son hechos con amor y cariño, como todo lo que sale de este pueblo de hombres y mujeres que acarician el surco.

Es que aquí todos saben de las bondades de la tierra, y con amor la preparan para hacer suyos sus frutos. Luego llegas al corazón de la localidad y ves el parque, con la tarima que fue escenario para tantas fiestas; los fiscos de antaño, que saben las vivencias de cada uno de los pobladores que a su sombra soñaron con amores del pasado y el presente.

Ahora todo ha cambiado: un parque infantil, una nueva bodega, la cafetería presta servicio de restaurante, y, con una nueva imagen, atrapa al visitante. La policlínica renovada, al igual que la farmacia, todo está pintado y reluciente; sin embargo, no es eso lo que hace de este pueblo un lugar maravilloso, es su gente, su carisma y amabilidad. El sello que los distingue a todos, aunque estén lejos, se delata en el brillo de su mirada cuando pronuncias el nombre de sus calles, que forman un gran jardín, quizás único en el país, y especialmente, los recuerdos de vivir aquí, los días de la infancia en los que corrías con los muchachos del barrio y compartíamos travesuras y regaños.

Por la cercanía de la panadería, el olor a pan recién hecho inunda las llamadas “Casitas Nuevas” o Carraguao. Dicen sus pobladores que en este centro laboral se hace el mejor pan de todo Banes. Y entonces, sin perder el rumbo, de pronto me encuentro frente al número 187, en la calle Violeta, y aunque ya no se parece en nada a aquella casita en la que viví años maravillosos, todavía escucho el chirivisco de mi bisabuela María dejando el patio “chinito”, o las risas de mi abuela Rafelita, que con su alegría infinita regaba las rosas del jardín.

Esta vez no pude saludar a los amigos con el abrazo de siempre, pero sí descubrí en su mirada el cariño y las sonrisas escondidas tras nasobucos. No pude seguir hasta la escuela Juan Pedro Carbó para ver cómo en este centro se desarrolla el tercer perfeccionamiento de la educación y rememorar la imagen de aquella niña con trenzas largas y espejuelos devoraba libros. Pero en esta ocasión, como siempre, pude constatar que Los Ángeles es un consejo popular que se caracteriza por la familiaridad de su gente, que se esfuerza cada jornada por entregar lo mejor de sí, lograr la soberanía alimentaria, y, sobre todo, en estos tiempos de coronavirus, prevenir el contagio.

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One thought on “Mi cita con Los Ángeles (+ Fotos)

  1. Ese mi barrio querido donde nací
    La última foto fue la casa de mi familia transformada pero que tantos recuerdos me trae
    Barrio de todos familia de alguna forma. Te llevo en mi corazón.

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