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Un canto de sirena marca el inicio de la labor de esta mujer, que se hace del timón y, con múltiples maniobras y precisión, lleva el barco hasta el puerto. Ni la intranquilidad del mar ni la más grande de estas islas flotantes ha podido doblegar la voluntad de Tamara Cobas Columbié, única fémina práctico de puerto en Cuba.

“Desarrollo un oficio no tradicional para las mujeres. Gracias a las facilidades que existen en Cuba para nosotras, hoy soy práctico de puerto. Me gradué en la Academia Naval Granma de Licenciada en Ciencias Náuticas, serví un tiempo en las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y luego me desmovilicé y pude revalidar la titulación y hacerla civil. Entonces me presenté a una convocatoria en los prácticos de Antilla, que es donde laboro; pasé todo el período de prueba, que fue difícil, pues hay que conocer las características de las zona, de los cinco puertos que atendemos, que son Vita, Nicaro, Felton, el campo-bolla de Felton y Antilla, cuando era operacional”.

Fotos tomadas del perfil de facebook de la entrevistada

La exactitud en su labor permite que cada barco llegue a puerto seguro. “Las maniobras tradicionales que hacemos son entrada a puerto, entrada y fondeo, y ahora hacemos otra modalidad, que es cuando el buque hace trasiego de combustible; que forma parte del cumplimiento de los protocolos por la covid-19, porque esta maniobra se hace en el muelle de Matanzas, y como eso demandaba un gran número de trabajadores, se limitó a la tripulación de los buques.”

“Los barcos que entran aquí, por lo general, son tanqueros y muchos tienen más de 200 metros de eslora. Cuando el mar está en calma, o como decimos nosotros, hecho una piscina, no hay problema; pero cuando hay temporada de frentes fríos, que hay marejadas o el oleaje está muy fuerte, debo tener mucho cuidado a la hora de embarcar y desembarcar porque la profundidad es mayor y la lancha sube y baja mucho. Nosotros embarcamos por la escala de gato, la escala de práctico, que es muy sencilla, solo tiene cabo y madera y hay que estar muy atento de la oscilación de la lancha para no tener accidentes. En ocasiones vamos guiando al buque o asesoramos al capitán, tenemos también los remolcadores de apoyo, que son vitales para esta labor”.

La ternura se mezcla con la firmeza de su alma, como la infinidad del azul y la blancura de la espuma del mar, para así también reflejar su profesionalidad. “Mi trabajo es complejo, no solo para mí como mujer, para los hombres también, por las características que tiene. Cuando empecé hubo un poco de resistencia por los compañeros, porque solo antes que yo hubo otra mujer práctico llamada Orquídea, que trabajó en La Habana, pero en Oriente no había esa tradición de mujeres que se dedicaran a esta labor, y comentaban si podría subir y bajar por la escala en las marejadas. Soy gruesa, pero me gusta decir que soy fuerte, y escalar requiere de habilidad; hasta ahora siempre lo he conseguido y poco a poco me fui ganando el cariño y también la admiración de todos”.

Ser la única fémina práctica en toda la nación demanda de un amor infinito por su profesión, y especialmente de un gran compromiso. “Tengo una responsabilidad muy grande y no por ser mujer, sino por ser práctica. La empresa Prácticos de Cuba se caracteriza por brindar seguridad en cada maniobra y eso es lo que tenemos presente. Es importante que el capitán se sienta seguro, porque cuando subimos a bordo siente alivio porque, cuando el barco llega al punto de embarque, es la zona donde más peligro corre un buque de una varada, de un accidente, porque nuestra labor es guiar al barco para evitar al peligro. Y sí, como mujer el reto es un poco mayor porque los capitanes muchas veces sienten temor, es una fuerza quizás un poco más grande, tienen que entregarle el timón a una mujer, y muchos, cuando me ven por primera vez, comentan que es la mujer que le hace maniobras, porque somos muy pocas en el mundo. Es en ese momento donde le demuestro mi dominio y profesionalidad para que ellos se sientan cómodos con mi presencia”.

Tamara es de esas mujeres de mar que bien sabe como timonear su hogar y a la vez se siente orgullosa de su profesión. “Soy madre de dos niños, una niña pequeña que está en el círculo y un niño que cursa el tercer grado, pero mi esposo me apoya mucho y trato de llevar todo al mismo tiempo. No es sencillo, no tengo un horario fijo para hacer las tareas domésticas, pero siempre trato de dedicarle tiempo a mi familia, que también es una parte importante de mi vida y de mis prioridades.”

“Los barcos tienen su propia alma, su propio espíritu, y tú te enamoras de eso. Cada maniobra tiene su encanto, y cuando uno ve un buque, una dice: ese barco lo maniobre yo y llego a salvo. Y es que las mujeres podemos hacer todo lo que nos proponemos, pero debo decir que esta profesión no la hago sola, depende en gran medida de la ayuda de mis compañeros, como el lanchero y el motorista, porque sin ellos esta labor no sería posible. Además, en esta profesión no te puedes equivocar porque tienes un barco inmenso, algunos con toneladas de combustible a bordo, y por un error puedes contaminar la bahía entera. Es muy lindo, y nosotros, cuando hablamos de barcos, se nos olvida todo porque nos hacen muy felices”.

El sol se va ocultando y en el horizonte deja escapar los últimos rayos de luz de la tarde, que se reflejan en la mirada de esta mujer, que se dedica a llevar a puerto seguro a las embarcaciones, para luego disfrutar de esa sana alegría que solo es posible con la satisfacción del deber cumplido.

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