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No es una utopía, es una realidad, le pusiste el corazón y cumpliste tu sueño de una Para-Olimpiada. Ahora recuerdo nuestros días de infancia, cuando compartíamos travesuras infantiles, mamoncillos en el patio, el cariño de tu abu Paquita, la mejor amiga de mi abuela Rafaela, regaños y el camino a nuestra escuela, junto a mi prima Tita. Luego las fiestas de quince, en la que tú nos cuidabas y nosotras a ti. Entonces, solo pensábamos en terminar el preuniversitario, tú decidiste ser trabajador social, porque la nobleza de ese corazón inmenso quería ayudar a los demás, yo más tarde me fui a perseguir mi sueño tras las palabras.

Solo los que te conocemos desde siempre, como prefiero decir cuando me preguntan, sabemos de tu esfuerzo, de como la luz se escaba poco a poco de tu mirada y en silencio te dabamos fuerza. La vida es difícil, pero tú nos demostraste que a pesar de ser débil visual, todo es posible cuando cada uno decide ser el arquitecto de su historia.

El camino de Banes a Los Ángeles por la enigmática Loma del Lavadero conoce las huellas de nuestras pisadas, cuando no había carro para viajar y tú tenías que entrenar y yo irme a la universidad. En ocasiones ibas solo los cinco kilómetros, incluso casi de noche. En algunos momentos de suerte encontrabas un compañero de viaje que miraba, aún sin muchas esperanzas, tu jabalina, esa que se fue uniendo a ti hasta que se volvieron inseparables.

Luego llegaron los alegrones de aquellas primeras competencias, entraste al equipo Cuba por tu esfuerzo diario, porque te lo ganaste a pulmón, como decimos en buen cubano, junto a tu familia, la cual siento mía; saltamos de alegría con las medallas que cosechaste como buen hijo de una tierra fértil en el deporte.

Ulicer Aguilera, de Cuba, compite en la final del lanzamiento de la jabalina masculina en la pista atlética de la Villa Deportiva Nacional (VIDENA) durante los VI Juegos Parapanamericanos Lima 2019, el 24 de Agosto de 2019 en Lima, Perú. FOTO: Calixto N. Llanes/Periódico JIT (Cuba)

En los Para-Panamericanos vivimos la emoción de la medalla de oro, junto a tu mamá Bárbara, tu hermana y tus tíos esperé por el abrazo inolvidable y lo tuve con un regocijo que aún no puedo describir. Entonces parecía que habías crecido más cuando estabas frente a mí con una meta cumplida y el boleto a Tokio alrededor de tu cuello.

La emoción se volvió protagonista del encuentro, aún conservo entre mis tesoros más valiosos aquella entrevista de tropiezos con la técnica y las risas nuestras que reflejan la complicidad de quienes se saben amigos aún en la distancia.

En este día de emoción y nervios por verte en una Para-Olimpiada, muchos de los que te queremos, en nuestro pueblo y fuera de este, no pudimos conciliar el sueño, deseando estar nosotros tensos y tú tranquilo y concentrado. El sol nos encontró despiertos porque íbamos a lanzar contigo. Y te confieso que hasta le pedimos a las deidades y a “Los Ángeles” que son muy nuestros que hicieran volar por los aires esa jabalina.

En cada lanzamiento saltamos, gritamos a viva voz y hasta nos arrancaron las lágrimas. Gracias por esa actuación de cinco estrellas, ¡campeón!, ese cuarto lugar es un oro por llevar cosido al corazón con puntadas bien altas el nombre de nuestro país, y sobre todo Uli, Ulicito, como te llamamos desde la infancia, por hacer realidad todos tus sueños y también hacernos parte de ellos.

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