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Avenida de Cárdena, ene sta ciudad de Banes, una vez finalizada la cuarentena a la que fue sometida. Foto: Carlos Manuel Rojas Véliz.

Convivencia, históricamente un término fácil de definir, pero difícil de aplicar. Diferencias que tienen que ver muchas veces con las generaciones, modos de vida e, incluso, hasta con la afiliación religiosa o política. En nuestro país la situación de la vivienda, y que no todos tienen una propia, es quizás la cuestión principal y una de las aristas del problema.  Sin embargo, no haré alusión a la vida o interioridad familiar, sino algo que por verse desde afuera tiene muchos puntos de vista, de los cuales, quizás, la persona más versada en temas sociales puede hacer toda una investigación.

El asunto es la convivencia entre vecinos, ese que, según un dicho popular, debe ser “el hermano más cercano”, y a veces se convierte en el “enemigo más cercano”. Los que disputan por llenar primero sus cisternas de agua o suben el volumen de la música queriendo demostrar su poderío y que son los “reyes” del barrio. Aquellos que te miran por encima del hombro porque tienen un poder adquisitivo más alto que el tuyo y los que abusan de tu confianza y nobleza para poner traspiés.

Esta realidad la puedes encontrar en cualquier cuadra, porque, en buen cubano, debemos preguntarnos ¿quién no conoce a este tipo de personas? Estos personajes de barrio, que muchas veces quieren esconderse en fachadas pintadas por el recato y la finura, son parte de la imaginación y la cultura popular. Entonces, como dicen los Karachi, “vecino, no vengas, no hay café, quítame la vista, déjame vivir”.

Foto tomada de Internet

La covid-19 cambió en gran medida el pensamiento de muchos, el distanciamiento social permitió que tantos desearan la salud del prójimo y la necesidad de un abrazo que se olvidaran las caras enrojecidas, las frases de ironía y hasta los malos ratos. Este coronavirus mostró que es más importante el valor a la vida, que es el momento de convertirnos en mejores personas, de ser menos egoístas, que basta ya de trampas, de mirar la paja del ojo ajeno si aún no te has sacado la tuya. Este es el instante que tenemos para reflexionar en lo que hemos hecho y en lo que hacemos cada día, porque quizás ya no existan segundas oportunidades.

Es por ello que más que enunciar la temática y poner en tela de juicio a quienes conocemos con estas características, sería más recomendable ser optimistas, cambiar la actitud, pensar que quizás el fuerte calor del verano tendrá un mejor efecto en el corazón que en la piel de cada individuo, voltear la página, sonreír, aprovechar cada minuto para ser buenos porque sí, como dijo Martí que se debía hacer el bien, y aprender a convivir en sociedad, ya que solo así hacemos realidad el calificativo de humanos.

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