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Una familia banense en el Parque Infantil de esta ciudad. Fotos: Dayron Mayo Gallo.

Cuando se tiene la gran misión de educar en las edades tempranas, todos los días son una aventura que necesitan de energías sin límites para encontrar las palabras precisas que expliquen de forma sencilla los por y para qué de los pequeños, y más ahora, que en tiempos de covid-19, están en casa.

Disfrutar de este momento de distanciamiento social junto a nuestros niños y niñas nos permite acercarnos más a ese mundo imaginario que nace de la inocencia y fantasía de los que saben querer.

El estar lejos de sus actividades escolares, de amiguitos y maestros, ha permitido que la paciencia y el amor sin límites de las familias se haga partícipe de las horas y que estas tengan más de 60 minutos para poder contar cuentos, realizar conciertos de canciones infantiles, jugar a la pelota, ver juntos las teleclases y consolidar contenidos en el estudio.

El día en su compañía parecen eternos hasta lograr que los dulces y salvadores sueños los acompañen, espacio que mamá, abuela o papá aprovechan para recoger el mar de juguetes que impide el paso, revisan las libretas escolares, preparan gelatinas para las meriendas de la siguiente jornada y esperan un instante de merecido descanso.

Vivir en un castillo con la realeza, montar en unicornios, ponerse una corona de princesa, tener superpoderes, luchar contra alienígenas o piratas es parte de la cotidianidad de aquellos que desde el calor del hogar sueñan en grande junto a nuestros pinos nuevos y quieren hacer realidad todas sus fantasías para verlos crecer inteligentes, felices y saludables.

El coronavirus puede impedir ir a la escuela, jugar junto a los otros niños del barrio, no poder sentir el calor de un abrazo, pero no puede arrebatarles a nuestros peques la alegría, porque esta se nutre de la magia de cada sonrisa. Es la felicidad de los infantes la que puede construir puentes de arcoíris y llegar hasta la casa donde está cocinándose la sopa de la golosina de la cebolla para rescatar al Ratón Pérez, o simplemente ir de paseo por el bosque para darle una dirección equivocada de la cabaña de la abuela al gran Lobo Malo.

La infancia es una etapa maravillosa y compleja porque es el momento de brindarle todo el amor y la comprensión, pero también el de mostrarle los primeros pasos para andar seguros por la vida, hacer realidad sus sueños, y sobre todo, no permitir que la Covid-19 ni nada impidan que en sus rostros se dibuje una sonrisa.

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One thought on “Sonrisas a prueba de coronavirus

  1. Creo que muchos niños recordarán estos días de aislamiento como los mejores días de sus vidas. ¿Cuándo más tendrán tanto tiempo con los padres y la familia?

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