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Adrián lució en toda su etapa de vacaciones líneas en la cabeza y dos estrellas gracias a la destreza de su barbero, que hace maravillas con la máquina; Jennifer quiere ajustar toda su ropa para verse más linda y estar a la moda; Carlitos abrió sus orejas y trae una argollita. Pero estos cambios de look deben transformarse cuando se llega a la escuela e inicia el nuevo período lectivo, porque no van en correspondencia con el Reglamento escolar, el cual establece las normativas a cumplir por los estudiantes.

Son muchos los aspectos que trata este documento, pero para algunos alumnos, aunque se debata y reflexione desde los primeros días del curso, muchas veces parece que se desconoce o lo mudan al rincón más lejano de la conciencia, principalmente el acápite que trata el uso correcto del uniforme escolar, prenda que como su denominación indica, iguala a todos aquellos que la usan y los identifica según la enseñanza.

“A mí me gusta estar a la moda, pero con el uniforme no, pienso que hay que llevarlo correctamente para cumplir con lo que está establecido. Además, esas faldas tan apretadas son más incómodas cuando hay que pasarse tanto tiempo sentada en un aula, y no hay como estar a gusto para poder atender mejor lo que explica el profesor,” explica Rachel, estudiante de décimo grado en el IPU Juan George Soto Cuesta, de esta ciudad.

Lianet, estudiante de noveno grado, refiere que “el uniforme, como su nombre indica, es para estar todos iguales; muchos de mis compañeros llevan prendas que no tienen que ver con el reglamento o lo tienen muy ceñidos al cuerpo y no debe ser, yo siempre trato de llevarlo como es; además, mi mamá no deja que tenga la falta corta ni que me maquille con este; ella dice que yo voy para la escuela, no para la plaza a una fiesta”.

Marcos, quien cursa el séptimo grado, expresa que “estar en la última con la moda nada tiene que ver con el uniforme; para eso hay momentos y fiestas, lucir bien no es ir a la escuela como un mamarracho, como van algunos”.

En la enseñanza primaria, el cumplimiento de este reglamento y del uso del uniforme no constituye un problema, pero cuando volteamos la mirada hacía la enseñanza secundaria, preuniversitaria y técnica, se vuelve una situación polémica, porque la mayoría de adolescentes cree necesario hacerles modificaciones.

Otra de las situaciones con el incumplimiento del uso del uniforme es que muchos estudiantes lo utilizan para hacer Educación Física, como refiere Julio Suárez, quien imparte esta asignatura.

“Los estudiantes no llevan la ropa para hacer deporte y van con el uniforme, en ocasiones las hembras con las sayas y una blusa civil y los varones con el pantalón, y así no se pueden hacer todos los ejercicios, porque no le permite la elasticidad; además, después van sucios para el aula a recibir la docencia. Nosotros tomamos medidas, pero es importante que la familia coopere más en este sentido y les explique a los muchachos la responsabilidad que implica llevar puesto el uniforme”.

Las modificaciones, que son las principales causas en la que se manifiesta esta problemática, parten en el mayor de los casos de ciertas tendencias por lucir una moda que nada tiene que ver con la verdadera razón de ser de esta prenda. “Me gusta que me quede bien apretada y corta la saya, así es como se ve bien; además, es así como se usa la ropa y casi todo el día estamos con el uniforme puesto,” comentó Aimé, estudiante de la enseñanza técnica-profesional.

Carlos Julio, estudiante de noveno grado, opina que “los cortes con estilo es lo que llama la atención de las muchachitas, por eso me gusta tenerlo así, para que se fijen en mí”.

“A mí siempre me ha gustado maquillarme y desde antes de los 15 ya me ponía creyón para verme mejor, por eso no dejo de hacerlo, aunque vaya para la escuela, porque para mí el aspecto de mi cara es muy importante”, comenta Arianna.

El uso correcto del uniforme es un tema que invita a la reflexión, no solo de los estudiantes que quieren hacerle cambios, sino también de la familia, que se los permite. Este trabajo solo ha tratado, por llamarlo de algún modo, una variable de esta ecuación en la que el resultado todavía dista de ser el más correcto, porque cuando recorremos las calles de nuestro municipio vemos que esta se manifiesta muy a menudo, pero no debemos dejar que sea parte de la cotidianidad.

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