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El año que finaliza irá a los estantes de la historia como difícil, y no quiero ser agorero ni pesimista. Hubo quienes pensaron que regresarían los años 90 del pasado siglo, el llamado Período Especial.

Lo dijo Lenin, y la realidad confirmó: un país sin electricidad ni transporte simplemente se paraliza. Pero nosotros teníamos engavetadas muchísimas experiencias de aquella famosa década que nos sirvieron para salir adelante, independientemente de que no todo esté recuperado o regresado a la normalidad.

Tampoco las condiciones son las mismas, contamos con un mercado más variado, no tenemos monodependencia económica, algo que el primer secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC), general de ejército Raúl Castro Ruz, destacó hace algunos años. Las vivencias son vastísimas, pero sobre todo la gente entendió, tuvo esperanzas y confió.

El nuevo liderazgo político cubano supo lidiar con las adversidades y, sobre todo, tener valentía, y también confiar en su pueblo. Había que decir la verdad y se dijo. No había combustible, el bloqueo es real y el crecimiento económico no permite andar con libertades en el enrevesado mundo mercantil internacional.

Más atrás en el tiempo, pero en el mismo año, tuvimos la aprobación de una nueva Constitución, algo que no sucede todos los días. El turismo se vio afectado por la prohibición de los cruceros provenientes de Estados Unidos, también se torpedeó la mayoría de los vuelos para este diciembre y la persecución a los supertanqueros y firmas que comercian con Cuba realmente apretaron, pero n cuello duro no da permiso a la asfixia.

Con estas medidas, la economía del país sufrió, eso es real, pero en verdad a quien le duele es al pueblo, que pasa horas en una parada, una cola o vé como apenas hay jabón o dentífrico. También el amor se lastima al prohibirse, desde allá, que las familias se reúnan, o bien porque los paquetes se encarecen o porque ya no es como antes, cuando alguien podía “darse un saltico”.

Hasta nuestro presidente lo reconoció públicamente: que el cubano hizo y hace humor de las desgracias, siempre lo hemos hecho desde que tuvimos el sentimiento de nación. Aquí se llora de la música y se ríe de nuestro llanto. Quizás no nos entiendan por ahí, pero nosotros sí nos entendemos. “Los tristes dicen que los vientos gimen, mientras que los alegres creen que los vientos cantan”.

Mejor escuchar su música.

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