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Las tradiciones locales ya casi están a punto de alcanzar su máximo esplendor. Sin que se organicen de modo social, o planificación científica, ellas salen espontáneamente de la familia, no importa que sea grande o pequeña la membrecía de cada núcleo hogareño o de un grupo de amigos.

Ya se piensa en la cena de fin de año, el cerdo asado o el pollo. Otros optan por carnero, chivo o por algún tipo de plato fuerte distinto. Casi todos tienen en cuenta algún tipo de licor, suave o fuerte. Alguien más excelso y con costumbres de antaño busca las llamadas conservas o dulces de naranja agria o de otro tipo para degustarlo con queso o sin él.

Quienes optan por asar el cerdo en púa buscan la vara, la leña o el carbón, la ensalada y la vianda, con preferencia a la yuca con mojito. Casi todos aseguraron el arroz y los frijoles y hasta hay quien piensa que el boniato es mejor porque la carne repugna menos. Los más atrevidos, y con suerte para encontrar maíz, apuestan por los tamales, aunque ello sea una sobrecarga muy dura por la cantidad de labores a efectuar el día de la celebración.

El fin de año es adornado con música, árboles de navidad y hay quien limpia patios, pinta u organiza la casa de manera diferente. Otros rezan porque no llueva para que el agua no arruine lo que debe ser una jornada ausente de ese tipo de preocupación. Y están quienes emigran a la casa del pariente o amigo para no pasar el 31solos y así esperar el año nuevo con una bulla cuando el reloj marque las 12 de la noche.

Las llamadas de felicitaciones se suceden y amenazan con colapsar el sistema de comunicaciones. Los hay que gustan de estrenar ropas, manteles y demás atuendos para hacer más importante el festejo. Los que asan son aparentemente los más fastidiados, llenos de calor, esfuerzo, humo en los ojos y un tufillo de horno de locomotora a vapor.

Ellos también cargan sobre sus hombros la responsabilidad de que el asado no quede crudo, sanguinolento o quemado. Los chicos, preferentemente, exigen el pellejo tostado, hay quien arranca guatacas y el rabo antes de que el animal llegue a la mesa y no se olvidan las fotos y videos para subir a la red, o simplemente para guardar de recuerdo.

Fuera de la comida y la imagen, hay quienes pasan revista al año, evalúan si fue bueno o malo. Siempre hay quien no tiene motivaciones por equis motivos y hay que respetarles.

En fin, tradiciones hay muchas, lanzar agua, pedir lo bueno, quemar un muñeco, salir con maletas y muchas otras típicas de repartos, barrios, creencias y formas de ser. Son rasgos de cubanía que, guardadas desde tiempos remotos, son desempolvadas para salir a relucir al final de un período significativo de nuestras vidas.

Un pase de revista es válido, pero para eso siempre hay que tener presente que debemos ser mejores. Que cada cual lance la primera piedra y no espere a que otro dé el primer paso. Las grandes obras están conformadas por detalles. Sea usted el arquitecto de su propio mañana.

Orestes    [ABTM id=2483]

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