Read Time:2 Minute, 27 Second

“He sido un bebedor de vino de palma desde que tenía diez años. No he hecho otra cosa”, subrayó Amos Tutuola, a quien le motivaron estos árboles para escribir una de las novelas cumbres de la literatura africana “El bebedor de vino palma”.

Alfredo Rodríguez también fijó su vista en los desafiantes penachos para redactar el día a día de su vida.  Hoy tiene 45 años de edad, y de ellos 30 desafiando a las alturas, pero esta no es la exclusividad.

Lo exclusivo de este hombre es que ha caído dos veces desde nuestro Árbol Nacional. “La primera vez me caí desde unos siete metros de alto, me iba a deslizar por una soga, hice una maniobra mal y la cuerda resbaló por la palma junto conmigo. Caí de pie junto al tronco, la planta del pie quedó mirando para arriba”.

Recuerdo a Alfredo Rodríguez cuando niño, con su tez pecosa, rubio y de pelo enmarañado, pescaba camarones con anzuelo en el riachuelo de Tierra Blanca, una pequeña comunidad rural cercana a Los Berros, en este municipio de Banes. Entonces algunas madres no querían que sus hijos jugaran con él y su hermano porque, según ellas, “los hijos de Manolo son traviesos”. Y no estaban muy desacertadas. Alfredo comenzó a escalar palmas y a arriesgar su vida en las alturas para desmochar a los 15 años de edad. Afirma que “desde arriba todo se ve más bonito, el aire es fresco y hasta los pájaros te acompañan”.

Alfredo Rodríguez, foto del autor.

Rememorando su primer gran mal momento, dice: “Aquel día pensé que no podría trepar más, me tuvieron que hacer injertos de tejidos, me pusieron varillas y las rechazaba, pasé meses en una agonía hasta que por fin me curé. Al poco tiempo las palmas me llamaban y allá fui.”

“La segunda caída fue de más abajo, a unos seis metros, se me zafó el muslo del estribo cuando hice un movimiento brusco, venía de cabeza, por instinto abrí los brazos y sentí algo en la mano: era una soga. Apreté y eso hizo que me detuviera por un momento, el cuerpo dio un giro y me enderecé, pero no aguanté el peso y me zafé”.

Rememorando la segunda caída, Alfredo recuerda que “debajo de la palma había un pedregal, como diente de perro, y un lugarcito que tenía arenita, parece que se acumuló de cuando llovía y caí ahí mismo, me lastimé, pero no hubo fractura”.

Actualmente trabaja con la Cooperativa “26 de Julio”, de Flores, donde promedia unas 50 palmas diarias, según me cuenta. Historia para contar, no sé si una profesión para imitar, pero este campesino banense evidentemente tiene suerte. Dijo Alejandro Dumas que la vida es fascinante, sólo hay que mirarla a través de las gafas correctas. Alfredo añadiría que cada cual tiene sus gafas, y las suyas, con un cristal especial para ver pequeñas ciertas alturas.

[ABTM id=2483]

Happy
Happy
0 %
Sad
Sad
0 %
Excited
Excited
0 %
Sleepy
Sleepy
0 %
Angry
Angry
0 %
Surprise
Surprise
0 %

Average Rating

5 Star
0%
4 Star
0%
3 Star
0%
2 Star
0%
1 Star
0%

One thought on “Caído de dos palmas

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

tres + 3 =