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Al lado de la Terminal de Ómnibus de esta ciudad de Banes hay un plantón de caña de bambú, variedad que no es auténtica de Cuba. También una mata de aguacates cuyos frutos parecen güiros por el alargamiento de su cuerpo. Más arriba a la izquierda, subiendo la calle Mulas, existe una especie de árbol semejante al plátano cuyas hojas crecen en forma de abanico. El fruto no. Casi al lado un espécimen cuyas hojas se asemejan al jagüey, le dicen también árbol del dinero.

Algo más arriba está quizás la reina de los árboles banenses: la centenaria ceiba, que según afirmaciones de Abel Tarragó, historiador natural de este terruño, ha vivido en tres siglos, IXX, XX y XXI. Esa ceiba es actual parada de viajeros, lugar para realizar actividades comerciales, parque, zona para hacer ofrendas, conjuros, promesas, pedidos y cuanto salga de la rica cultura religiosa y sincrética de los banenses. El inmenso árbol impide el libre paso a una calle, pero está ahí, desafiando leyes, voluntades y la furia de la naturaleza. Ella es hija de la naturaleza y de la creación. Todo esto en Calle Mulas.

Más arriba, en la Calle Hospital, al lado de un consultorio, existe otro gigante, es una salvadera. Me contaba una señora que “el árbol ha vivido 102 años” También en Banes hay ficus, lo que la gente llama fiscos. Retorcidos, con figuras caprichosas y de muchas raíces, capaces de destruir una vivienda, duros contra los huracanes, pero no invulnerables.

Muchas otras variedades hay en las zonas que anillan el centro de la ciudad: aguacates, anoncillos, tamarindos, anones, mamey zapote y ciruelas. Existe mucho mapén en la zona del consejo popular Nicaragua, dicen que el árbol fue traído por los jamaiquinos, otros alegan que fueron los haitianos y algunos afirman que fue el personal de la United Fruit Company.

Hasta la casa de Abel Tarragó fui, detrás de historias y vivencias. Escuchar es saber. Siempre hay algo nuevo. Las nuevas generaciones quizás no miren para arriba ni para los costados, a veces solo para las pantallas de las nuevas tecnologías. ¿Qué dice el historiador sobre las ceibas?

“Una vez realicé un trabajo sobre las ceibas, entonces había 16, hoy pueden haber más o menos. Dice la creencia popular que a ellas no les caen rayos, pero aquí cerca una recibió una descarga de ese tipo. Otras han sido afectadas, desmembradas porque los gajos peligraban con caer sobre una vivienda”.

Un estudiante de medicina, amante a las diferentes formas de vida, trabaj como hobby los bonsáis. Entre las especies que cultiva están las ceibas. En mi infancia, y desde Nuevo Banes, apenas se veía las construcciones y el trazado de calles de la ciudad, los árboles no lo permitían. Los humanos, el paso y la furia del tiempo los han mermado.

Banes tenía muchos árboles en el núcleo urbano. Han tratado de rescatar aquel filtro y sombrilla natural, pero las especies al parecer no son las mejores. Las atenciones luego no surten efecto y sobre todo el ciudadano. Hubo un tiempo que tarde en la noche o de madrugada, cuando acababan las actividades, algunos jóvenes se deleitaban trozando, desgajando y hasta arrancando las nuevas plantas.

Han existido cedros antiquísimos cerca del parque Martí, del Hospital Materno-Infantil y otras áreas, pero decisiones con peso y otras atrevidas dieron al traste con ese patrimonio forestal. Demostrado está. Árbol aniquilado es muy difícil de reponer. No imposible, pero da mucho trabajo, al menos en este Banes nuestro.

Es responsabilidad de los hijos de la Capital Arqueológica de Cuba cuidar lo que tenemos; rescatar lo que hubo sería un buen propósito. Mientras, las ceibas esperan a veces hasta con miedo.

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  1. En el área de Ontario, Canadá, donde vivo, los árboles más grandes son arces y robles. Tengo la suerte de compartir mi jardín con un arce gigante, en un día caluroso la temperatura es cinco grados más baja debajo del árbol. En primavera puedes recolectar su savia para hacer azúcar de arce o jarabe de arce. Tengo casi 70 años y el árbol estaba aquí cuando yo era niño. Debemos atesorar a estos gigantes.

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