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Comunales es una pequeña geografía. Es difícil llegar a ella, está distante, con elevaciones, pero no es imposible. Allí el aire es limpio, paisajes llenos de verdor donde la vista no se fatiga, aunque sí el cuerpo, si usted va a pie o en bicicleta. Un agua pura e inmejorable. Gente buena y noble. Lugar ideal para la crianza de chivos. También de otro tipo de ganado. Un lugar con microclima. Poblado acomodado, uniforme y muy bien pensado. Diremos nosotros que está lejos. Ellos piensan lo mismo de la ciudad.

Giselda Sánchez Fernández se considera hija legítima de Comunales, o Vista Alegre, como también le denominan al enclave. ¿Quién es Giselda? Maestra, periodista por vocación que además practicó el oficio. Un oficio que siempre enseña, yo no sabía de su historial hasta que me sorprendió con un verbo limpio y atractivo. Casi lo primero que me dijo fue que quisiera escribir la historia de Comunales. Luego el diálogo abrió otras sendas.

“Me mudé para Comunales cuando se inauguró la comunidad porque mi padre era cooperativista y cuando inauguraron las 25 casas que componen el barrio fuimos para allí. Era la primera comunidad hecha por la Revolución. Todo era lindo, todos trabajaban unidos, las casas estaban bien cuidadas, electrificadas. Había un micro plan que era una belleza. Todos los cooperativistas donaban, por ejemplo, un cerdo, y se trabajaba colectivamente. Para fines de año, los cerdos y otros productos eran repartidos entre todos. Sembraban también el frijol y era para todos. Eso no costaba dinero, era producirlo y repartirlo”.

Dice Griselda que “entonces había una casabera (burén). Íbamos, rayábamos yuca y se hacía el casabe que luego se repartía a la comunidad”.

Giselda Sánchez Fernández. Fotos del autor.

A Comunales también le decían Vista Alegre. Aún le dicen así. Ella afirma que “fue porque Luís García, quien antes era dueño de esas tierras, le puso así por la vista tan linda que tenía el lugar desde el Cerro de Los Portales y desde otros puntos”.

Pese a las facilidades de estudios y a la voluntad expresa de esta mujer, había que tener decisión para soñar realidades. Entonces llovía a cántaros y los caminos a Vista Alegre se ponían difíciles. “Yo estudié hasta el sexto grado y de ahí comencé a estudiar para maestra, donde estuve un año. Cuando retorné, me dieron la oportunidad para pasar un curso de corresponsal de prensa en Santiago de Cuba. Allí trabajé un tiempo como periodista y en el año 70 me fueron a buscar de Banes para que yo hiciera un boletín de zafra, y lo hice. Se llamaba El Boletín de los 10 Millones. Me quedé trabajando en Banes y luego regresé, me casé. Después me vinieron a buscar para que yo trabajara en la redacción de Radio Banes, pero ya yo estaba embarazada y los tiempos de antes no eran como ahora. Fui madre, me vinieron a buscar para que trabajase en el periódico ¡Ahora! Pero decidí retomar mi profesión: ser maestra. Trabajé 34 años como tal”.

Hoy Griselda vive en la Loma de la Yuca, bueno, más bien cerca, en una de las áreas del amplio consultorio. Su vivienda fue destruida por un huracán que allá arriba debió sentirse en todo su desbastante magnitud. Para ella la vida es bella. Sus sueños y realidades la hacen feliz. Cuando se le mira a los ojos, no quedan dudas.

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